La condición de paz y estabilidad política de la República Bolivariana de Venezuela no ha sido producto de una especie mágica de espontaneidad

“Este proceso no sólo no se encuentra divorciado de amenazas posibles, sino que debe profundizar un crecimiento económico y social que fundamentalmente no dependa de otra cosa que de sus propias fuerzas productivas, la capacidad de resistencia, resiliencia, productividad y emprendimiento de su pueblo y la posibilidad de sostenimiento del sistema político instaurado como desarrollo democrático de la Constitución Nacional de 1999”

La condición de paz y estabilidad política de la República Bolivariana de Venezuela, no exenta de desafíos, de amenazas, de problemas y deudas por saldar, no ha sido producto de una especie mágica de espontaneidad como quiere hacer ver cierta mediática, ni mucho menos de una lógica donde el sistema político o la acción de la institucionalidad democrática venezolana nada tiene que ver.

Si Venezuela ha sido capaz de resistir victoriosamente la aplicación de toda clase de acciones de agresión, incluido un genocida bloqueo económico tendiente a incapacitar total o parcialmente al Estado para poder cumplir sus objetivos más esenciales, dispuestos en su Constitución Nacional, ha sido básicamente por dos razones siendo la primera y más clave la capacidad del pueblo venezolano de evitar caer en estado de guerra o favorecer un clima anárquico de confrontación para coadyuvar los planes de intervención militar hacia la patria de Simón Bolívar.

Tal cosa no es fruto de la suerte sino del trabajo y organización del pueblo venezolano en diversas instancias que no sólo sirvieron para abordar por ejemplo el sabotaje a la industria eléctrica nacional, atacando la Central Hidroeléctrica, corazón del servicio en el país y ubicada en Guri, estado Bolívar, organizando al pueblo en medidas de contención, resistencia y apoyándole para evitar un desbordamiento social, sino además para atacar con números aceptables los estragos de la pandemia covid19.

Pero por otra parte está el empeño institucional de procurar la estabilidad nacional aún en medio de las peores dificultades, de las cuales estamos saliendo fruto de ese esfuerzo en dos vertientes, y que tiene que ver fundamentalmente con la resolución del Presidente de la República Nicolás Maduro Moros de fraguar como primera línea estratégica de su segundo período constitucional de gobierno (2019 – 2025), luego de la elección del 20 de mayo de 2018, la construcción de una poderosa hoja de ruta de pacificación nacional que siguiera con mucho algunas experiencias de diálogo de la Venezuela del siglo XX o el proceso que se llevó a cabo en Sudáfrica con la llegada de Nelson Mandela al poder en una Nación que estuvo muy cerca de una guerra civil.

Ambos empeños conjugados, junto a un programa de recuperación económica presta a enfrentar los dispositivos de bloqueo impuestos por las élites de EEUU y Europa, violatorias por supuesto del derecho internacional y toda su jerga cínica de un supuesto “orden basado en reglas”, han servido para sentar bases que debe consolidar la Nación bolivariana.

Todo esto exhibe un proceso actual de nueva etapa luego de la derrota sistemática de las agresiones fraguadas con la orientación de derrocar a la Revolución Bolivariana y producir, por vía de una transición fascista estilo la intentada en el Estado Plurinacional de Bolivia, el desmonte de la Constitución Nacional y la conversión del país en un territorio neocolonizado al servicio sólo de los intereses de Washington.

Por supuesto la gran diferencia entre un Gobierno de la Revolución Bolivariana, orientado por las máximas de justicia social, bienestar y democratización de la riqueza nacional desarrollado por Hugo Chávez, y otro tipo de gobierno orientado neoliberalmente al beneficio infinito del capital y la acumulación de riqueza, es justo que el proceso de recuperación que nos estamos ganando a pulso no conlleve a una brutal desigualdad sino que entremos en un ciclo de restauración del estado de bienestar afectado por una agresión continua que ya cuenta en esta fase nueve años de maniobras para causar daño al cuerpo político y social de la Nación venezolana.

Claro que este proceso no sólo no se encuentra divorciado de amenazas posibles, sino que debe profundizar un crecimiento económico y social que fundamentalmente no dependa de otra cosa que de sus propias fuerzas productivas, la capacidad de resistencia, resiliencia, productividad y emprendimiento de su pueblo y la posibilidad de sostenimiento del sistema político instaurado como desarrollo democrático de la Constitución Nacional de 1999.

Esto, ante la clara evidencia de que la concepción estratégica de la élite estadounidense no se moverá un milímetro, mucho menos en este escenario de conflicto por su supervivencia hegemónica exclusiva, que ubica en sus postulados a América Latina como “patio trasero”, sin mayores consideraciones que trasciendan este anacronismo supremacista.

Para muestra el botón de cómo vienen organizando su particular club de amigos con los cuales pretende imponer sus visiones en el hemisferio a partir de la Cumbre de las Américas del próximo 8 y 9 de junio con sede en California, y por supuesto con la esperada exclusión unilateral de los Gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela, cuyo pecado es no arrastrarse o ser sumisos a los designios de Washington.

Son los retos de una nueva etapa que los venezolanos y venezolanas nos hemos ganado a pulso no siendo concesión de nadie y teniendo muy claro los objetivos inmediatos, de mediano y largo plazo para seguir consolidando la paz, independencia y estabilidad nacional que hoy estamos transitando.

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Licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela.

Estudios en maestría en Seguridad y Defensa de la Nación y Resolución de Conflictos.

Diplomado de Filosofía de la Guerra.

Colaborador en el área de Secretaría de la Asamblea Nacional Constituyente.

Asesor de la Contraloría General de la República.

Asesor de la Gobernación del Estado Falcón en materia de planificación y políticas públicas.

Articulista del Diario Venezolano Correo del Orinoco.