“Las batallas del pueblo venezolano para hacer preservar su independencia y paz no han sido pocas”

    “Venezuela pone en juego mucho más que un período presidencial. Define el 28 de julio abrir un periodo de paz y desarrollo económico y social, consolidado, o retomar el sendero de la inestabilidad política y social”

    La República Bolivariana de Venezuela desarrollará el venidero 28 de julio la 31era elección en tiempos de Revolución Bolivariana al frente del Poder político en el marco de un contexto donde las batallas del pueblo venezolano para hacer preservar su independencia y paz no han sido pocas.

    Totalmente sui géneris es el contexto de este proceso electoral que convoca a más de 21 millones de venezolanos y venezolanas a las máquinas de votación, con un sistema automatizado blindado y auditado en todas sus fases, teniendo dicho marco al menos tres elementos que se mantienen vigentes.

    En primer lugar la determinación estratégica del gobierno de EEUU y sus aliados europeos, como cuerpos adheridos a dicha maniobra, de construir a todo costo su tan anhelado cambio de régimen político, lo cual le ha llevado a incumplir sistemáticamente acuerdos firmados y mantener vigentes esquemas de agresión como las medidas coercitivas unilaterales.

    Esto resulta muy claro ya que ni la institucionalidad democrática existente, ni la Constitución Nacional, y menos el chavismo en el poder responden genuflexamente a las decisiones de Washington.

    Es decir el sistema político de la Nación poseedora de las mayores reservas de petróleo del mundo, claves para la sustentabilidad en el largo plazo del hemisferio occidental, no está sujeto a otro interés que al del pueblo venezolano y exalta un cuerpo de pensamiento bolivariano y antiimperialista con todo lo que eso conlleva de carga histórica.

    En segundo lugar una oposición extremista, la única que reconoce EEUU y la Unión Europea dada su alta adhesión y sujeción a sus decisiones y orientaciones, que lejos de haberse alecccionado de las sucesivas derrotas causadas por el chavismo, el pueblo venezolano y las instituciones democráticas de Venezuela, sigue en su empeño de buscar por atajos electorales lo que no consiguió por otras maniobras, siempre con la carta anticonstitucional bajo la manga lista a ser utilizada en caso que el resultado no les sea favorable.

    Prueba irrefutable de esta línea de conducta es la vigencia de unos paralelos institucionales que han resultado muy convenientes para mantener el bloqueo contra el país, como una espuria Asamblea Nacional o una especie de tribunal supremo de justicia en el exilio, lo que les lleva a administrar miles de millones de dólares que no les pertenecen y que usan a sus anchas a espaldas de las demandas del pueblo venezolano.

    Además en el caso de la elección actual, y luego de una aureola de triunfalismo arrogante que duró casi un mes, empiezan a maniobrar una narrativa tendente a cantar fraude si el resultado es derrota, cuestión que ha sido la reiterada e irresponsable conducta de este sector, sin sustento de dichas denuncias, tratando de escudar su propia incapacidad política.

    En tercer lugar un chavismo que ha resultado mantenerse unido, fuerte, resistente y resiliente ante los intentos sistemáticos de aniquilarlo, como hicieron con la Unidad Popular en Chile, lo intentaron con el peronismo y recientemente trataron de ejecutar en Bolivia con su cacareada “transición” de formas para nada democráticas.

    El proceso previo a la campaña oficial de esta elección Presidencial, que arranca el 4 de julio, ha visto un chavismo movilizado en varias regiones del país y organizándose con conciencia y trabajo arduo para la batalla que viene.

    Básicamente se ha entronizado la visión que, para las fuerzas revolucionarias venezolanas, la victoria el 28 de julio es la ratificación definitiva de un camino libre, soberano e independiente de reconstrucción de un cuerpo social y económico severamente torturado por varias maniobras, siendo especial las consecuencias de medidas coercitivas unilaterales impuestas a Venezuela y que solo entre los años 2015 – 2022 significaron la pérdida de más de 642mil millones de dólares.

    Así mismo se observa el 28 de julio como una fecha para enviar un mensaje fuerte y claro al mundo, especialmente a un hemisferio occidental plagado de enemigos de la paz, soberanía, autodeterminación y democracia venezolana, quienes verán un nuevo triunfo de la voluntad del país caribeño en pro de su propio desarrollo de acuerdo a los intereses nacionales y con Simón Bolívar como principal estandarte.

    Las oposiciones, que presentan hasta 9 candidatos, se bambolean entre proyectos de entrega absoluta de la soberanía nacional venezolana, emulando políticas de desmonte del Estado como estamos presenciando en la República Argentina, y fórmulas demagógicas que sólo tendrían sustento con la hipoteca de una Nación que ha sido sistemáticamente saqueada por vía de las diversas maniobras derrotadas en estos últimos 11 años.

    Venezuela pone en juego mucho más que un período presidencial. Define el 28 de julio abrir un periodo de paz y desarrollo económico y social, consolidado, o retomar el sendero de la inestabilidad política y social, cosa que no parece contar con apoyos populares significativos, más allá de los reducidos extremismos opositores.

     

    Autor

    Licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela.

    Estudios en maestría en Seguridad y Defensa de la Nación y Resolución de Conflictos.

    Diplomado de Filosofía de la Guerra.

    Colaborador en el área de Secretaría de la Asamblea Nacional Constituyente.

    Asesor de la Contraloría General de la República.

    Asesor de la Gobernación del Estado Falcón en materia de planificación y políticas públicas.

    Articulista del Diario Venezolano Correo del Orinoco.