Una historia de 40 años (1979 – 2019)

Primera Parte

La ruptura de la alianza cívico-militar entre el Partido Comunista y muchos de los altos mandos militares que tuvieron un rol en Afganistán fue decisiva en los acontecimientos que se dieron durante la disolución de la URSS

“Si la guerra de Chechenia mostró la incapacidad del Estado Ruso para resolver una crisis dentro de sus fronteras, la agresión de los EE. UU. y la OTAN contra Yugoslavia en 1999 hizo lo mismo en el plano internacional.”

“El sentimiento antinorteamericano entre la población rusa y un nuevo nacionalismo vendría a dominar las aspiraciones de las primeras generaciones nacidas ya en la Rusia postsoviética.”

[…] hay un pájaro que se rehace y reengendra a sí mismo: los asirios lo llaman Fénix; no vive de granos ni de hierbas, sino de lágrimas de incienso y de jugo de amomo

  • Ovidio

Introducción

La caída de la Unión Soviética y el campo socialista de Europa Oriental significó en muchos aspectos un verdadero drama humano y social, cuyos efectos tuvieron repercusiones mundiales. No sin razón Vladimir Putin, en un discurso pronunciado en 2005, calificó este evento como “la mayor catástrofe geopolítica”. Sin embargo, ningún otro pueblo sufrió más como consecuencia de este acontecimiento que el pueblo ruso. El desastre que supuso la transición de una economía socialista a una capitalista, y además neoliberal, sin una etapa intermedia, fue literalmente mortal para la población de las exrepúblicas Soviéticas, incluida, por supuesto, la Federación Rusa. Así pues, el mismo Vladimir Putin, a pregunta de reporteros en 2018 desde Kaliningrado, respondió que, si pudiera cambiar un evento en la historia rusa, este sería indudablemente la caída de la URSS.(1)

Como consecuencia de este terremoto geopolítico, el Estado ruso recorrió un largo camino de 40 años para apenas re estabilizarse. Este largo periodo, se puede señalar, comenzó con el agotamiento del ímpetu económico soviético, continuó con la reforma contra revolucionaria y derrotista de Gorbachev, para entregar el Estado a las manos de Yeltsin y los oligarcas corruptos que impusieron el neoliberalismo más brutal e inhumano; para terminar finalmente con la relativa estabilidad y renacer político, económico, social, militar y cultural que ha representado la administración de Putin, con todos sus claros y oscuros. Esta nueva Rusia representa, además, un proyecto diametralmente distinto al de la URSS, pero a la vez conserva algunas de las estructuras creadas a lo largo de la historia común entre ambos entes jurídicos.

Este artículo se plantea analizar estos decisivos cuarenta años en la historia contemporánea rusa, atendiendo al rol que jugó la aplicación del neoliberalismo salvaje directamente y sin transición en un Estado sementado en una economía y sociedad con 70 años de tradición socialista. Así mismo, exponer como la continuidad del proyecto neoliberal hubiese puesto en peligro la mera existencia del Estado ruso como lo conocemos. Para finalizar se mostrará como diferentes actores representados en la figura de Putin, sectores políticos y especialmente el ejército, se plantearon y propusieron la necesidad de romper con el orden oligarca de Yeltsin y emprender reformas de corte nacionalista para restaurar, primero un cierto orden y frenar la debacle del Estado, y después restablecer a la Federación Rusa nuevamente como el jugador geopolítico a nivel global que es en la actualidad.

 

PRIMERA ETAPA: DECLIVE SOVIÉTICO (1979-1991)

La guerra en Afganistán

Muchas veces se denomina erróneamente a la campaña militar en Afganistán como “La Vietnam soviética” y se pretende señalarle como „el comienzo del fin„ del Estado Soviético, ya sea con la intención de simplificar el problema o para tratar de, a través de un burdo revisionismo histórico, lavar un poco las manos y el orgullo del imperialismo norteamericano derrotado en Vietnam. Sin embargo, los motivos más preponderantes del colapso de la URSS no se encuentran en este conflicto y tanto su impacto como su influencia en el desenlace del proyecto socialista en la URSS son sistemática y conscientemente exagerados. Aun así, es importante estudiar algunas dinámicas que se originaron durante la intervención en Afganistán, puesto que fueron relevantes en la relación del ejército con el partido en la última etapa de la URSS y también en las reformas militares en la administración de Putin a la luz del resultado del primer conflicto en Chechenia algunos años después durante la presidencia de Yeltsin.

Una manera reveladora de comparar la guerra de Vietnam con la operación soviética en Afganistán es valorando la reacción de la población en ambas potencias con respecto de sus respectivas intervenciones. La guerra en Afganistán jamás causó las multitudinarias manifestaciones antimilitaristas contra el Estado soviético como las que ocurrieron en EUA con el movimiento pacifista durante el conflicto en Vietnam. Aun y por más que se argumente el secretismo soviético para con su población, los números hablan por sí solos: En 14 años de conflicto, la URSS sufrió la baja de 15,051 soldados (oficialmente). Los EUA en 19 años de conflicto perdieron alrededor de 50,000 efectivos. Pero no solo la duración y la intensidad de los conflictos fueron distintos, también su naturaleza. No es coincidencia que en el caso afgano-soviético no encontremos las masacres al estilo „My Lai“ de los norteamericanos en Vietnam. La mayoría de los reclutas que sirvieron en Afganistán provenían de zonas rurales e inclusive de repúblicas soviéticas musulmanas que se identificaban y entendían mejor con la población civil afgana musulmana y rural que sus contrapartes norteamericanas con la población vietnamita.(2)

También en lo económico, la intervención norteamericana fue un lastre mucho mayor para este país que para el Estado Soviético. La CIA a calculado que el costo total para la URSS de la guerra fue de alrededor de 50 billones de rublos, lo que representa el 75% de lo que Vietnam le costó a EUA solamente en 1968. Esto no quiere decir que la URSS no pagase un precio por la guerra, pero este costo fue mayormente político en lo interno y externo. Así pues, la crisis económica en el estado socialista ocurría independientemente y en paralelo al modesto peso que la guerra le representaba a la economía planificada soviética. Aun así, y de manera más perjudicial que lo económico, la guerra erosionaba la credibilidad del gobierno para con su población como consecuencia del secretismo; y por otro lado y más gravemente, marcaba una ruptura entre el aparato militar y la dirigencia soviética. Estos elementos, junto con la crisis económica se intensificaron exponencialmente con la ineficiencia de las reformas políticas instauradas por Gorbachev.(3)

La ruptura de la alianza cívico-militar entre el Partido Comunista y muchos de los altos mandos militares que tuvieron un rol en Afganistán fue decisiva en los acontecimientos que se dieron durante la disolución de la URSS. El ejército rojo tuvo desde siempre un espacio preponderante en la Unión Soviética, pero en el periodo de Brezhnev, la doctrina de que la mayor capacidad militar equivalía al reforzamiento del Estado llevó a una preponderancia exacerbada de las fuerzas armadas y un desproporcionado peso de estas en la política interna. El desgaste que significó la paridad nuclear y otras campañas solo fue proporcional a la burocratización que sufrió el ejército y que tendría elevados costes políticos.(4)

Pero la historia de desavenencias no comenzó ahí. En mayo de 1937 se lleva a cabo un proceso contra el general Tujachevski y otros altos mandos, que serían ejecutados el 12 de junio; a pesar de que su traición estaba bien documentada, otras personalidades del ejército como Vassilevski, Rokossovski y el mismo Zhukov nunca consideraron justa y necesaria esta acción. Estos últimos tenían una concepción conservadora sobre la estricta separación entre lo político y lo militar y no veían tampoco con buenos ojos la introducción de la figura del “comisario político” en el ejército que mantenía la cohesión de la ideología dentro de sus filas. Por último, la gran desavenencia al final de la segunda guerra mundial fue que Stalin, correctamente, se negó a reconocer la victoria militar sobre Alemania como la obra exclusiva del ejército, sino de todo el pueblo. Pero a la muerte de Stalin los métodos de control político sobre el ejército se relajan e inclusive se rehabilitan a figuras que anteriormente habían sido condenadas.(5)

Ya a finales de la vida de la URSS, el ejército rojo tiene una propia agenda política y de intereses de grupo muy particulares. En diciembre de 1990 cincuenta y tres personalidades del ejército presentaron a Gorbachev un ultimátum para declarar el Estado de excepción contra el separatismo que ya pululaba en la URSS. Dentro de los signatarios se encontraba Valentin Ivanovich Varennikov, quien sirvió como representante personal en Kabul del ministro de defensa soviético; y después de Afganistán fue nombrado jefe de las fuerzas terrestres. Gran parte del ejército jamás perdonó la decisión de retirar las tropas de Afganistán y fue considerada como una traición de Gorbachov. Entre ellos Varennikov, que en 1991 participó en el intento de golpe contra el aun premier Soviético. Algunos de los partícipes del golpe morirían reivindicando hasta el final la defensa de la URSS, otros sin embargo se acomodaron muy bien al mundo capitalista y al nuevo orden oligárquico ruso.(6)

Revelador es sin duda que Afganistán es conocido como “el cementerio de las grandes potencias”, más aún en el contexto de la invasión norteamericana de 2001. En 2006 la revista alemana “Bild” publicó una serie de fotografías de soldados teutones sosteniendo cráneos humanos a las afueras de Kabul. Se especuló sin confirmarse que las osamentas pudieron pertenecer a soldados soviéticos. Paradójico es sin duda, que estas dos naciones, que se batieron a muerte durante la segunda guerra mundial, se encontrarían tantos años después en suelo ajeno. Por cierto, en Afganistán soldados alemanes dejarían también sus vidas empuñando las armas por primera vez desde la segunda guerra mundial.(7)

 

Soldados alemanes posan con un craneo humano en una foto publicada por el periódico alemán “Bild” en 2006.

Estancamiento económico

Como se comentó anteriormente, la crisis económica en la URSS se venía materializando paralela e independientemente a la intervención en Afganistán. Los primeros signos de desaceleración en el crecimiento económico soviético se muestran inclusive ya a finales de los años 60s. A partir de los 70s la economía soviética sufre de un estancamiento palpable pero solo hasta entrados los 80s hay retrocesos en algunos rubros.(8) Fueron muchos las dificultades económicas que enfrentó la Unión Soviética en la segunda mitad de su existencia. Sin incluir los aspectos externos como la exclusión de un mercado internacional libre, la carrera armamentista impuesta y el bloqueo económico; sin embargo, elementos internos también mermaron la capacidad propia del Estado soviético. Muchos de sus minerales y riquezas naturales se encontraban en puntos de difícil extracción, la falta de dosificación en la explotación de estos recursos convirtió a la inversión necesaria para mantener el ritmo de esa explotación en demasiado cara, además del envejecimiento de la población. Estos fueron algunos de los factores, por citar algunos.(9)

Aun así la economía soviética jamás calló en un Estado de quiebra, inoperancia o de llamado default. Es importante señalar categóricamente lo anterior porque las mismas fábulas se esgriman sobre otros Estados socialistas de Europa oriental como la República Democrática Alemana, que al igual que la URSS, ni en su último día de existencia dejó de pagar alguna cuenta interna o en el extranjero. Por eso cuando hablamos de „decadencia“ en el caso soviético o en otros Estados del llamado socialismo real, no nos referimos a un proceso que necesariamente conllevase la muerte de su sistema económico y político, sino a su agotamiento paulatino y la necesidad de cambios estructurales. Sin embargo, fue precisa y paradójicamente este intento fallido consciente o inconsciente de reforma política y económica la que enfermaría de muerte al propio sistema. Por último, es necesario agregar que la caída de la URSS como consecuencia de las mismas dinámicas de simbiosis significaba casi necesariamente la desaparición de los Estados socialistas en Europa oriental, esto lo tenían claro la mayoría de las dirigencias de estos Estados.(10)

 

Gráfica del crecimiento económico soviético. En azul los datos oficiales, en rojo los estimados de la CIA y en verde los estimados del autor de la fuente G.I. Khanin en “Crecimientos económicos soviéticos desde 1928” Europe-Asia Studies 45 pp. 141-167.

Perestroika y Glasnot

La Perestroika y su complemento Glasnot significaron el proceso a través del cual, y a pretexto de reparar la crisis económica, se emprenden reformas económicas y políticas que socavan la estructura Estatal de la URSS, y con esto la capacidad del partido y demás organizaciones gubernamentales y no gubernamentales para superar precisamente esta crisis. A través de estas reformas se aligeraba al mismo tiempo el control centralizado y se abría la puerta al revisionismo, al derrotismo, a los nacionalismos y al oportunismo político, militar y civil. Este proceso fue aprovechado por la contra revolución para provocar la desestabilización política en todos los países socialistas en Europa oriental.

No es casualidad que reformas políticas similares como en el caso de la Polonia socialista tuviesen como resultado el sabotaje sistemático de la economía planificada y como el concepto de „elecciones libres“ fueron un eufemismo para elecciones “libres de comunistas”. En la misma sintonía, en Checoslovaquia, por ejemplo, los grupos opositores como el „club 231“ enarbolaban consignas abiertamente anticomunistas y acogían a grupos Neón-nazis en sus organizaciones.(11) Así pues el proceso de la Perestroika es solo la expresión en el territorio de la URSS de un movimiento reformista amplio encaminado a provocar la implosión del bloque socialista representando por lo tanto una auténtica contra revolución envuelta en el manto de un supuesto intento por „democratizar“ el socialismo real. Precisamente este tipo de colapso del sistema político fue lo que se evitó en China durante las reformas de Deng Xiaoping; la apertura fue primordialmente económica y no política. El intento occidental por hacer de China una segunda Unión Soviética se vio frustrado en Tianmen.(12)

El derrumbe de la Unión Soviética

Como ha quedado expuesto con anterioridad, el conflicto en Afganistán marca de manera significativa la relación entre la dirigencia del partido y las fuerzas armadas. Una vez que la aplicación de la Perestroika y la Glasnot empiezan a hacer mella en las estructuras sociopolíticas de la URSS y la crisis multifacética se profundiza, los acontecimientos entran finalmente en un espiral sin freno del 19 al 21 de agosto de 1991, como resultado de la coyuntura que crea el intento de golpe contra Gorbachov liderado por el vicepresidente Gennadi Yanayey, el ministro de defensa Dimitri Jasov y Vladimir Kriuchkov, presidente de la KGB, entre otros. La intención de los golpistas era el de evitar que el premier soviético firmase un nuevo tratado que restructuraría la relación entre las 15 repúblicas, terminando de facto con el proyecto socialista.(13)

Es en estas circunstancias es que el entonces presidente de la República Socialista de Rusia, Boris Yeltsin, oportunistamente usurpa las funciones de Gorbachov y pone a las instituciones soviéticas bajo jurisdicción de Rusia. Gorbachov renuncia el 24 de agosto, ese mismo día Ucrania proclama su independencia y tres días después las repúblicas bálticas. El 8 de diciembre de 1991 los presidentes de Bielorrusia, Ucrania y Rusia firman los acuerdos de Belovezhskaya, declarando la disolución de la Unión Soviética. Todo lo anterior a pesar de que, desde el 17 de marzo del mismo año, el pueblo soviético, en un referéndum nacional con participación del 80.03 % votó masivamente por preservar a la Unión Soviética bajo una forma renovada de federación (77.85%). Este referéndum había sido convocado legitima y legalmente por el Soviet Supremo el 24 de diciembre de 1990.(14)

 

SEGUNDA ETAPA: RUSIA DE RODILLAS (1991-1999)

Yeltsin y la alianza oligarca-política-militar

El 1 de enero de 1992, el gobierno ruso, con Yeltsin a la cabeza, inicia la reforma económica siguiendo los lineamientos de los organismos financieros internacionales como por ejemplo el Fondo Monetario Internacional (al que Rusia ingresa el 24 de abril). El denominado “Plan de Cambio Estructural Rápido” consistía en el cambio de la economía planificada soviética a un modo de producción no solo capitalista, sino salvajemente neoliberal sustentado en la propiedad privada, el libre mercado, el énfasis en el sector empresarial y una acentuación de los derechos del individuo sobre los de la colectividad.(15)

Los costos sociales de la reforma fueron dramáticos: solo un año después la inflación alcanzaba el 2,200%, el PIB de 1994 era apenas el 65,5 % del obtenido en 1990. Se liquidó toda institución de protección social o laboral con el proceso de privatización que para 1995 había puesto el 47% de las empresas en manos privadas. Como consecuencia el ingreso real se redujo en 43% de 1992 a 1996, los salarios cayeron en 52% y las pensiones en 45%. 30 millones de personas vivían por debajo de la línea de la pobreza (1 de cada 5 ciudadanos). 40% de la criminalidad se cometía por menores de edad, puesto que el abandono de niños creció en un 70%.(16) Paralelamente a esta debacle social, la abundancia de recursos naturales abiertos al capital privado conduce a su saqueo y venta, creándose así una nueva clase de gánsteres económicos y políticos conocidos como los oligarcas, en cercana relación con el circulo interno de Yeltsin.

En 1994 todos los índices económicos incluido el PIB básicamente se habían reducido aproximadamente a la mitad, con respecto de 1990. Como respuesta, desde 1992 se empieza a configurar una oposición política que encuentra su bastión en el congreso de diputados del pueblo. En agosto de 1993 estos diputados se niegan a aprobar el presupuesto nacional propuesto por Yeltsin. Este, siendo presionado por el FMI disuelve el congreso en septiembre. A su vez la Suprema Corte declara ilegal esta disolución, creándose un conflicto entre los poderes del Estado. Finalmente, Yelstin prevalece con el apoyo de los militares que toman por la fuerza el parlamento con un saldo de más de mil muertos en octubre. Este acontecimiento es un parteaguas en la política de la Federación Rusa que siembra en buena medida las bases del presidencialismo exacerbado en simbiosis con los servicios de seguridad y el ejército que se pliegan al nuevo reacomodo político concentrado en el poder ejecutivo con Yeltsin al mando y como símbolo de una nueva clase política corrupta, entreguista y gansteril.(17)

Para comprender la simbiosis de la clase política con los nuevos oligarcas tomemos el ejemplo de Borís Abrámovich Berezovsky. Este personaje empezó a hacer negocios durante la perestroika importando autos para el mercado ruso; pero solo a partir de su entrada al círculo cercano de Yeltsin, a través de un cercano de este último Valentín Jumashev, es que se le permitió amasar una inmensa fortuna. Una vez dentro del “club presidencial de Tenis” o la llamada “familia” de Yeltsin, Berezovsky construye una relación cercana con la señora Djatschenko, esposa del presidente, y con su hija Tatjiana Djatshenko que se casaría con Valentín Jumashev. Con las elecciones de 1996 a la vuelta de la esquina, Berezovsky convence a Yeltsin para privatizar los medios televisivos, empezando por el Первый канал (pervy kanal – Canal Uno), que cuenta con el 98% de la audiencia en el país. Yeltsin accede y entrega a Berezovsky el 49 % de las acciones de la empresa estatal a través de una orden presidencial firmada el 29 de noviembre de 1994. A cambio, Berezovsky se comprometía a sabotear mediáticamente la campaña del comunista Guennadiy Ziuganov quien se encontraba arriba en las encuestas y paralelamente inflar la campaña de Yeltsin para las elecciones de 1996. En contra de sus asesores Yeltsin se postula y con el apoyo de oligarcas y de un equipo de expertos publicistas norteamericanos logra derrotar al comunista por un estrecho margen.(18)

Otro ejemplo es Román Arkádievich Abramóvich, quien hace dinero al igual que Berezovsky, importando artículos a partir de la Perestroika, de ahi pasa al negocio del petróleo y para el tiempo en que conoce a Beresowsky ya está invirtiendo en cosas tan variadas como Aeroflot, aluminio o fertilizantes. Ambos personajes son invitados por los jefes del banco Alfa de Moscú Pjotr Aven y Mijail Friedman para invertir en el mercado del petróleo. Haciendo uso de las conexiones de Berezovsky con el Kremlin, se empuja la agenda privatizadora y el 24 de agosto de 1995 firma Yeltsin el decreto 972 por el cual se crea la firma Sibnef y se comienza la privatización bajo el inofensivo nombre de “Programa de préstamos a cambio de acciones”. Esto le permite a Abramóvich principalmente comprar petróleo barato en el mercado interno para luego exportarlo al mercado internacional, haciendo rápidamente una fortuna inmensa.(19)

Este modelo de pillaje de la propiedad estatal para ponerlo en manos privadas se repite en cada sector donde haya espacio para la ganancia. El ejército no está exento y no es difícil seguir el rastro sucio de los negocios de exportación ilegal de armas desde almacenes del mismísimo ejército. Resumiendo, la única condición es pertenecer a la “familia” de Yeltsin o tener un lazo cercano. El otro requisito es precisamente defender el estatus-quo político representado por Yeltsin. Un negocio redondo, donde no se pueden tener pérdidas, donde solo el pueblo pagará los costes del recorte al gasto público y las medidas de austeridad y choque aplicadas para cumplir con las condiciones de los organismos financieros internacionales. De esta manera se da la alianza simbiótica postsoviética entre la clase política y la oligarquía con el apoyo de gran parte de las altas cúpulas militares; todos con el único propósito de hacer fortunas a costa del Estado y evitar a toda costa un retorno al socialismo, que lógicamente impediría sus planes.

Borís Berezovski

La primera guerra de Chechenia

Paradójicamente la rapacidad con la que se expoliaron las riquezas estatales afectó también las mismas estructuras que sustentaban al sistema. Uno de los rubros donde esta situación se hizo más evidente fue en el de las fuerzas armadas y la primera guerra de Chechenia, como un microcosmos, expuso al régimen de Yeltsin y sus colaboradores en toda su cruda realidad. Este conflicto es hasta hoy el evento más traumático en la historia de la Rusia postsoviética.

El estatus de República autónoma del que disfrutaba Chechenia a la hora del colapso de la URSS se ejercía, a diferencia de Ucrania o Bielorrusia, dentro de la República Federal Soviética de Rusia. Por tal motivo Chechenia no alcanzó una independencia como Estado separado al momento de la disolución de la Unión. Sin embargo, Dzhojar Musáyevich Dudáyev un exgeneral del ejército soviético que participaba en el disidente “Congreso Nacional del Pueblo Checheno” ocupa junto con sus partidarios la sede del Parlamento regional en septiembre de 1991. Para octubre es elegido presidente de una autoproclamada “República Chechena de Ichkeria” y comienza a armar a una guardia nacional. La desrusificación y reislamización de la República comienzan de inmediato y tiene como consecuencia el éxodo forzado de alrededor de 50,000 rusos, de los cuales muchos de ellos son el grueso de la mano de obra calificada. Rápidamente la economía se desploma y tanto el pseudo gobierno como bandas armadas recurren a la venta ilegal de petróleo y otras actividades delictivas para solventar los gastos del rearme principalmente.(20)

El 31 de marzo de 1992, después de 18 meses de negociaciones, Yeltsin logra que 18 de las 20 Repúblicas Autónomas de la Federación Rusa firmen un nuevo tratado federal. Una de las dos faltantes, la República de Tartaristán, también rica en petróleo, accedería en febrero de 1994 a reintegrarse a la Unión Federal, (21) sin embargo, el gobierno de facto checheno se niega a hacer lo mismo. Ante esta negativa, paradójicamente el aquel entonces presidente del consejo para nacionalidades del parlamento ruso, Ramazan Adulatipov comentó “nosotros diferimos de Gorbachov en que no estamos torciéndole el brazo a nadie (…) si no quieren firmar que no firmen, no es ninguna tragedia”.(22) A este panorama se le añadió también el aspecto estratégico de la región para Rusia. La industria petrolera en el territorio checheno se empezó a desarrollar antes de la revolución de octubre por compañías belgas, inglesas, alemanas y rusas. Para 1971 las refinerías locales procesaban 21,3 Millones de toneladas de crudo (aproximadamente 7% de la producción total de Rusia en 2008).(23) Con esta industria en juego no es de extrañar que Yeltsin diese la orden al ejército de “reestablecer el orden constitucional” en el territorio en disputa. De esta manera comenzó la primera guerra de Chechenia en diciembre de 1994, después de un intento de golpe de Estado fallido contra Dudayev organizado por el servicio secreto ruso.

Yeltsin esperaba una guerra sencilla producto de la doctrina del rápido despliegue de “fuerzas móviles” creada por el ministro de defensa Pavel Grachev copiando en cierto sentido el proceder de los norteamericanos en la operación tormenta del desierto en Irak. En lugar de esto la fuerza rusa conformada por 40,000 efectivos se organizó inadecuadamente y de prisa. Reclutas con baja moral, sin experiencia de combate y de las más distintas ramas de armas y regiones del país fueron enviados a pelear contra un enemigo motivado y que conocía el terreno. El resultado total de la guerra: 100,000 muertos y 400,000 desplazados. (24)   

En abril de 1996, en plena campaña electoral por la presidencia en Rusia, Dudayev es asesinado por medio de un obús dirigido tras localizarlo interviniendo su teléfono satelitalmente. Tras asegurar la reelección Yeltsin renueva la ofensiva, pero el nuevo líder checheno, Maskhadov, le propina una contundente derrota arrebatando a los rusos la capital chechena, Grozny. El secretario de seguridad ruso Alexander Lebed entra en negociaciones con Maskhadov y el resultante acuerdo de paz de Khasavyurt se firma el 31 de agosto de 1996. El acuerdo es una derrota rusa que los obliga a desocupar el territorio, pero que deja abierta la cuestión del estatus legal hasta 2001; dentro de ese periodo Chechenia tendría una independencia de facto. También durante este periodo Chechenia se convirtió en un nido de violencia, corrupción y criminalidad. Ya durante la guerra se habían robado entre 500,000 y 700,000 toneladas de petróleo y alrededor de 30,000 personas estaban involucradas en este negocio. La situación solo empeoraría en los años del vacío legal.(25)

Otra consecuencia nefasta que dejó la primera guerra de Chechenia fue la aparición del terrorismo islámico. Desde un principio el separatismo checheno se arropó en el islam radical para legitimar su lucha; Dudayev inclusive tomo posesión jurando sobre el Corán y desde un principio la Islámica de Ishkeria se convirtió en una zona fuera de control y un nido de fanáticos religiosos y criminales. Un seudo Estado de naturaleza terrorista que rápidamente utilizó a la población civil como escudos humanos. Como consecuencia, en junio de 1995, en nombre del islam, rebeldes chechenos tomaron el hospital de Budiénnskovsk con un saldo de más de 100 muertos; todo esto en nombre de la lucha contra el Estado Ruso. Este sería solo el primero de muchos ataques terroristas perpetrados por radicales islamistas que se cometerían en territorio ruso en los años venideros.

 

Bombardeo de la OTAN contra Yugoslavia

Si la guerra de Chechenia mostró la incapacidad del Estado Ruso para resolver una crisis dentro de sus fronteras, la agresión de los EE. UU. y la OTAN contra Yugoslavia en 1999 hizo lo mismo en el plano internacional. Se puede catalogar a este periodo como el punto más bajo de la influencia y capacidad de proyección de poder de la Federación Rusa en el ámbito global, inclusive dentro de su tradicional “zona de influencia”.

El 24 de marzo de 1999 la OTAN inicia la “Operación Fuerza Aliada”, una campaña de bombardeos sin declaración de guerra y sin que Yugoslavia hubiese atacado a ningún miembro de la alianza militar. Esta acción se llevó a cabo no solo sin un mandato de la ONU, sino en franca desavenencia la resolución 1160 del Consejo de Seguridad de marzo de 1998 donde se estipulaba que “los principios para una solución al problema de Kosovo deben estar basados en la integridad territorial de la República Federal de Yugoslavia”. Acorde a esta resolución la posición rusa fue la de tratar la crisis como un problema interno de un país soberano reconocido internacionalmente.(26)

A pesar de algunos gestos simbólicos de protesta por parte del gobierno ruso, como el negarse a asistir a la ceremonia del 50 aniversario de la fundación de la OTAN o el “cortar” los canales de comunicación con la alianza, la realidad es que las acciones tomadas por Yeltsin fueron calibradas cuidadosamente para no fuesen excesivamente drásticas. El gobierno se opuso a la demanda del Partido Comunista de terminar la participación del contingente militar ruso como fuerzas de paz en Bosnia. En cambio, Yeltsin optó solamente por retirar al segundo al mando del contingente y dos oficiales responsables de la comunicación con la OTAN. En términos diplomáticos Rusia mantuvo relaciones normales con todos los gobiernos de la OTAN.(27) Por su parte la oligarquía rusa, aliada de Yeltsin, también se plegó a esta política de “appeasment”. Los medios de televisión en su poder repitieron la retórica belicista occidental mostrando a la población albanokosovar como las víctimas de una agresión serbia; esto con el argumento de que una “política antinorteamericana” favorecería a los comunistas rusos. Detalles como estos hicieron mella en la confianza de los serbios que ya dudaban de la sinceridad del apoyo ruso. El Viceprimer Ministro yugoslavo Vuk Draskovic comentó al respecto: “al pueblo se le debe decir que la OTAN no está en crisis, que Rusia no ayudará militarmente a Yugoslavia, y que la opinión pública mundial está contra los serbios”.(28)

Un elemento que sería relevante para Rusia en el futuro y que se desprende de la agresión de la OTAN en Yugoslavia es el rol de la República Popular China. El país asiático sufrió inclusive el bombardeo de su embajada en Belgrado, con saldo de tres periodistas chinos muertos. Así pues, ambos países se vieron humillados ante el accionar unilateral occidental y ambos llagaron como resultado a la misma conclusión: un mundo multipolar era necesario. Años más tarde Rusia y China llevarían su relación bilateral a niveles nunca vistos desde la ruptura sino-soviética; todo en el contexto de la mutua ayuda y las garantías implícitas de asistencia en caso de agresiones occidentales. Más aun en la nueva realidad en la que la NATO por primera vez había extendido sus operaciones a la otrora zona de influencia soviética, cambiando así las reglas del juego e implícitamente advirtiendo de que en su nueva estrategia no existía ninguna línea roja.(29)

Pero en 1999 las condiciones que impedían a Rusia haber actuado, de haberlo querido, eran directamente el resultado del perfil entreguista de la administración de Yeltsin, no solo en lo político, sino en lo económico. En 1999 Rusia dependía de los créditos de países occidentales y de instituciones como el FMI y el año anterior se había producido una nueva crisis de la divisa rusa. Por otro lado, el desastre del ejército como consecuencia de los recortes al presupuesto hubiera asegurado otro fiasco como el de la primera guerra chechena. A esto hay que sumarle la situación geoestratégica imperante en 1999. Apenas unos días antes de iniciado el bombardeo de Yugoslavia, tres países exmiembros del pacto de Varsovia habían sido admitidos en la OTAN: Polonia, República Checa y Hungría. Se incumplía así la promesa hecha por el occidente a Gorbachov de no expandir la alianza militar hacia el este.(30)

Estas circunstancias hicieron que la tendencia que imperaba desde los 90´s de acercamiento con el occidente se revirtiera completamente. Desde este punto en adelante se hizo claro que cualquier sueño de cooperación con los “nuevos aliados” era imposible. Tratados que habían sido planeados o que estaban a punto de ser firmados se metieron a la congeladora, por ejemplo, el “Tratado para la Reducción de Armas Estratégicas – III (START-III), el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBT) o el Tratado de Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (CFE).(31)

En la política doméstica, el conflicto yugoslavo y la humillación de la incapacidad del Estado para responder se entendió como un resultado directo de las desastrosas políticas entreguistas y privatizadoras de la administración de Boris Yeltsin. Esto despertó el sentimiento antinorteamericano entre la población rusa y un nuevo nacionalismo vendría a dominar las aspiraciones de las primeras generaciones nacidas ya en la Rusia postsoviética. El catalizador de esa nueva política sería Vladimir Valdímirovich Putin, quién llevaría a cabo la tarea de, una vez más, poner a Rusia de pie.(32)

Embajada china bombardeada en Yugoslavia

Notas al artículo:

1 Reuters / Seipel, p.51.

2 Braithwaite, pp. 124, 170-171, 181, 329 / Deparment of Veterans Affairs /Gibson, pp. 150, 179, 438, 440-44

3 Globalsecurity.org / Braithwaite, pp. 330-331.

4 Martens (1992), pp. 5 – 6.

5 Martens (2013), pp. 266-267, 337, 381.

6 Braithwaite, p. 310.

7 Reichelt und Meyer, pp. 60-31, 85.

8 Claudio, pp. 445,446.

9 Claudio, pp. 452-454.

10 Wenzel, pp. 12-13, 118 / Krenz, pp. 7, 21.

11 Einhorn & Von Randow, pp. 25, 27 / Zu den Ereignissen in der Tschechoslowakei, pp. 25, 38, 40, 65-66.

12 Elsner, pp. 23, 25-26.

13 Ortíz Plata, p. 3.

14 Ortíz Plata, pp. 4-5 / Salenko, pp. 144-148.

15 El FMI, una vez confirmada la candidatura de Yeltsin, concedió un crédito de 10 mil millones de dólares con el requisito de la realización completa de las reformas en curso. “De este préstamo, 4 mil millones estuvieron destinados al pago de los salarios atrasados

16 Gutiérrez del Cid, pp. 26-30 / Sánchez, p. 55.

17 Sánchez, p. 56 / Gutiérrez del Cíd, p. 16.

18 Seipel, pp. 127-135 / Laqueur, pp. 44-45 / Scholl – Latour, pp. 178 – 179 / Resultados de la elección presidencial de 1996: Primera vuelta – Yeltsin 35,79%, Ziugánov 32,49%. Segunda vuelta – Yeltsin 54,39%, Ziuganov 40,73%.

19 Seipel, pp. 178 – 179.

20 Kunze & Vogel, pp. 119,120.

21 La reintegración de Tartaristán se da a través de la firma del “Tratado de Delimitación de Sujetos Jurisdiccionales y Delegación Mutua de Autoridades entre los Entes Estatales de la Federación Rusa y los Entes Estatales de la República de Tartaristán” el 15 de febrero de 1994.

22 Burke, “we differ from Gorbachev in that we aren´t twisting anyone´s arm (…) If you don´t want to sign then don´t sign. We don´t see any tragedy in that”

23 Vatchavaev.

24 Sánchez, pp. 81-83 / Vatchavaev, p. 3.

25 Sánchez, pp. 83-85 / Vatchavaev.

26 Radeljic, pp. 4-5.

27 Latawski & Smith.

28 Radeljic, “[t]he people should be told that NATO is not facing a breakdown, that Russia will not help Yugoslavia militarily, and that world public opinion is against [the Serbs]”

29 Ponniah & Marinkovic / Sakaguchi & Mayama.

30 Wagner, pp. 39-42.

31 https://www.marshallcenter.org/en/publications/marshall-center-papers/transformation-russian-military-doctrine-lessons-learned-kosovo-and-chechnya/transformation-russian-military

32 Pastor Gómez, p. 65

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Docente de derecho constitucional en la Facultad de Derecho de la Universidad Fridrich-Schiller en Jena, Alemania. Miembro de la comisión de relaciones internacionales del Partido Popular Socialista de México.