Harari y los países de la OTAN están interesados en que haya más guerra. No quieren acabar con el conflicto y alcanzar la paz

“Harari tiene el objetivo de rematar la ofensiva en el campo ideológico. Su papel consiste en contar unos cuentos para que las clases trabajadoras que pagan la subida del gasto militar y las consecuencias de las sanciones contra Rusia, permanezcan paralizadas; para que no frenen a sus gobiernos otanistas-belicistas”

En este artículo (1) dice Yuval Noah Harari que “las naciones se construyen, en última instancia, sobre la base de historias.” ¡Tremenda concepción idealista, que concibe que la realidad la producen los relatos! Todo marxista sabe que una nación es una comunidad humana estable, históricamente formada y surgida sobre la base de la comunidad de idioma, de territorio, de vida económica y de psicología, manifestada ésta en la comunidad de cultura. Las historias son el remate ideológico de la nación, no su base. Las naciones las producen los seres humanos actuantes en las condiciones resumidas durante la etapa del capitalismo ascensional, con el sustrato esencial de la base socioeconómica (donde está también el idioma; véase “Acerca del marxismo en la cuestión lingüística”, de Stalin).

La tremenda concepción idealista de Harari le hacía afirmar, a cuatro días de iniciada la intervención rusa, que “Vladímir Putin ya ha perdido esta guerra”. Debía pensar Harari que inventando este cuento construía otra realidad; a pesar de que la realidad desmentía de partida, y día tras día, su cuento.

Cabe preguntarse: ¿realmente son tan idiotas los cuadros intelectuales del imperialismo? (por cierto, publicado este en un periódico progre) ¿Realmente semejantes nutridos intelectuales se tragan esta clase de juegos de niños sobre los procesos históricos?

La realidad es bastante más perversa. Harari ha escrito un texto breve y digerible destinado a estupidizar a la mayoría social, a infantilizar su reflexión, a cerrarle el paso con velos fantasiosos para dejarle como única salida la aceptación sumisa de la vía sanguinaria. El texto es diáfano: “cada ucraniano muerto aumenta el odio de los ucranianos. El odio es la más fea de las emociones. Pero para las naciones oprimidas, el odio es un tesoro oculto. Enterrado en lo más profundo del corazón, puede alimentar la resistencia durante generaciones. […] Putin necesita una victoria relativamente incruenta que conduzca a una paz relativamente falta de odio. Al derramar más y más sangre ucraniana, Putin se está asegurando de que su sueño nunca se haga realidad.”

Harari y los países de la OTAN están interesados en que haya más guerra; en que haya más muertos. No quieren acuerdos diplomáticos. No quieren acabar con el conflicto y alcanzar la paz.

Por esto los países de la OTAN sancionan a Rusia y alimentan militarmente a Ucrania, a pesar de la inevitable victoria rusa, conocida por todos desde el primer día. Por eso bloquean las negociaciones. Están dispuestos a sacrificar la vida del pueblo ucraniano, no ya solo el progreso del país, con tal de alcanzar sus objetivos. Por eso estas potencias han alimentado y entrenado militarmente al odio ukronazi desde hace casi 10 años; ukronazis que ahora se han escondido en las ciudades y están impidiendo a sus propios compatriotas abandonarlas, pues los emplean como escudo humano, ya que solo eso ralentiza el avance ruso. Por eso el gobierno de Zelensky persigue, calificándola de “antipatriota”, a la población que no quiere inmolarse en esta autodestrucción al servicio del imperialismo, capitaneado por Estados Unidos. Por eso Zelensky ha liberado a presos para llevarlos al frente. Por eso acaba de suspender la actividad de más de una decena de partidos políticos de oposición, algunos con importante representación parlamentaria, favorables a un acuerdo de paz (lo cual se suma a las prohibiciones previas de la actividad de otros partidos, como el Partido Comunista de Ucrania, aprobada en diciembre de 2015).

Y junto a todo este proceso imperialista macabro, en el que subyace la intención de desintegrar Rusia, explotar sus recursos y debilitar a China; al paso de todo este empuje reaccionario, aparece Harari con el objetivo de rematar la ofensiva en el campo ideológico. Su papel consiste en contar unos cuentos para que las clases trabajadoras que pagan la subida del gasto militar y las consecuencias de las sanciones contra Rusia, permanezcan paralizadas; para que no frenen a sus gobiernos otanistas-belicistas; para que, aunque una parte de la población sea escéptica con el relato de la OTAN, quede confundida, sin terminar de comprender lo que está sucediendo, y viva pasivamente los acontecimientos.

Harari no es un estúpido idealista. Es un esbirro académico del imperialismo.

NOTAS:

(1). Por qué Vladímir Putin ya ha perdido esta guerra. Eldiario.es. Yuval Harari. Pinche AQUÍ para enlace web.

AUTOR: MARCELO GORRIARAN