“El teletrabajo como regla general en muchos sectores, se ha convertido en una pequeña burbuja que ha estallado más pronto que tarde”

    “Según publicaba el diario Cinco Días el pasado día 24, el teletrabajo sigue caída en picado. Este tercer trimestre del 2021 solo un 8% de las y los trabajadores teletrabajan, la cifra más baja desde el comienzo de la pandemia el año pasado”

    Personalmente he teletrabajador desde 2011, año en el que inicié una nueva andadura profesional en solitario. Soy consultor informático y administrador de sistemas, es un trabajo en el cual se puede teletrabajar sin mayores problemas.

    Pero no fue hasta la llegada de la pandemia de la Covid-19, cuando el teletrabajo estuvo en el centro de nuevos paradigmas que nos iba a traer esta nueva situación. Las empresas se vieron obligadas a mandar a miles de trabajadores a sus casas a seguir produciendo. Al final esta es la cuestión central en el modo de producción capitalistas: que la gente siga produciendo plusvalía.

    Lo primero que habría que definir es qué es el teletrabajo. En un primer momento podemos pensar que “teletrabajar” es hacer nuestro trabajo normal y ordinario desde otro punto que no sea nuestro puesto en la empresa. Pero esto no es así del todo, ya que si no podríamos considerar teletrabajo el ir con un portátil a una cafetería y estar contestando correos mientras estamos viendo un partido de futbol. La verdad es que detrás de lo que se considera teletrabajo hay algo mucho más profundo, es un cambio radical de nuestra forma de vender nuestra fuerza de trabajo y que además trae unas consecuencias a otros negocios que existen porque hay unos centros de trabajos más o menos grandes.

    Hay varios pros en el teletrabajo desde un punto de vista objetivo: reducción de desplazamientos que tiene una incidencia positiva en el medioambiente, permite una conciliación mayor entre la vida laboral y familiar, y en muchos casos es un alivio para personas que no se sienten a gusto en entornos laborales hostiles.

    Pero en el trabajo no todo es color de rosa. Lo mismo que mucha gente se puede ver aliviada por no tener que ver al jefe o al compañero que le acosa, hay mucha gente que necesita esa relación humana que puede darse en el puesto de trabajo con los compañeros y compañeras. Y al margen de las relaciones humanas, que es un tema complejo y en el cual la subjetividad de cada personal daría un enfoque distinto, tenemos cuestiones en el ámbito de derechos laborales y relaciones de producción en las cuales el teletrabajo, juega en contra de los y las trabajadoras.

    Estaríamos hablando sobre todo de la intrusión del ámbito laboral en el entorno familiar y de descanso de las y los trabajadores: ese correo que te llega fuera de horario, esa llamada a última hora del día del jefe y esa última encendida al portátil para adelantar el proyecto. Y todo esto sin contar el traslado de los costes operativos empresariales al trabajador, al tener que asumir este el aumento del consumo eléctrico y/o el coste de la conexión a internet; cuando no directamente el uso y desgaste del equipamiento informático doméstico. Además, en muchos casos, la inversión para adecuar un sitio de trabajo en nuestro propio hogar. Otra cuestión que no se plantea cuando se habla de este tema desde los medios, porque lógicamente no interesa, es que el teletrabajo también reduce la capacidad de maniobra de las y los trabajadores para defender y reivindicar mejoras en sus condiciones laborales. Si no puedes tener a tu compañero o compañera cerca para dialogar y ver lo fastidiados que estáis, es muy difícil organizarse para cambiar las cosas. De hecho, en el Estado español con un tejido empresarial basado en autónomos y micropymes, esa capacidad de lucha es algo muy del pasado por desgracia; además de la desideologización de la sociedad.

    En julio de este año el gobierno aprobó una ley que pretendía regular algunas de las cuestiones planteadas en el párrafo anterior. Aunque en esa ley se consideraba teletrabajo a partir del 30% de la jornada laboral, lo cual dejaba en un cierto limbo jurídico a entornos más o menos híbridos en las pequeñas y medianas empresas.

    Pero es posible que lo que en marzo del año pasado pareciera un nuevo paradigma que venia para quedarse: el teletrabajo como regla general en muchos sectores, se haya convertido en una pequeña burbuja que ha estallado más pronto que tarde. Según publicaba el diario Cinco Días (1), el pasado día 24, el teletrabajo sigue caída en picado. Este tercer trimestre del 2021 solo un 8% de las y los trabajadores teletrabajan, la cifra más baja desde el comienzo de la pandemia el año pasado. Las razones son multifactoriales y van desde empresas con un modelo de funcionamiento anclado en el pasado, hasta microempresas que no pueden asumir los costos que conlleva el mantener un entorno de trabajo hibrido (presencial y remoto) seguro.

    Sea como sea, con teletrabajo o sin él, lo que tenemos es un modelo socioeconómico en crisis que intenta reinventarse y que buscan en la pandemia nuevas oportunidades para mantener, por un lado, la tasa de ganancia y la acumulación de capitales y por otro, una clase trabajadora dispuesta a asumir una condiciones laborales cada vez mas precarias.

     

     

    Notas:

    (1). El teletrabajo cae a su nivel más bajo desde la pandemia. Cristina Galindo. El País. 24/11/2021. Pinche AQUÍ para enlace web. 

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    Subdirector y Responsable del Área de Geopolítica y Antiimperialismo de la Revista La Comuna

    Informático, Consultor IT y en Ciberseguridad. Miembro del Equipo Coordinador de la Revista La Comuna. También miembro del Grupo de Investigación y Análisis "Geopolitikaz", nacido en 2019 alrededor del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). Mezclando su perfil profesional con su actividad en el campo de la geopolítica, actualmente se encarga de la investigación y divulgación sobre el ciberespacio en el contexto de la guerra híbrida. Principalmente en el terreno de la ciberinteligencia y ciberguerra.