“Las condiciones objetivas exigen el desarrollo del Partido Obrero. Y tal Partido Comunista fuerte tendrá, en España, más mujeres que nunca”

    1. Una de las consecuencias del desarrollo del modo de producción capitalista desde hace más de 150 años es la sustitución creciente de trabajo doméstico por mercancías acabadas (ropa, comida precocinada, muebles, etc. industriales) o por mercancías que facilitan el trabajo doméstico (lavadora, microondas, etc.).
    1. Esto implica que la familia tiende a ser menos una unidad económica, una unidad productiva. La familia cada vez produce para sí menos valores de uso (antes la familia preparaba las conservas, confeccionaba la ropa, incluso el hilo; hoy las jóvenes familias cada vez menos zurcen un calcetín). La familia sigue produciendo a los hijos, aunque cada vez en menos número. Con los escasos descendientes, hay cierto trasvase de trabajo al conjunto de la sociedad (cuestión que se debería ampliar, por ejemplo, con las guarderías públicas).
    1. La entrada en la familia de productos de trabajo creados por la sociedad bajo relaciones capitalistas, tiene su contraparte. Compensa una salida de trabajo de la familia hacia fuera: desde hace más de 150 años, también las amas de casa se han ido convirtiendo más y más en mujeres asalariadas.
    1. Las contradicciones que se producen en esta sustitución de trabajo familiar por trabajo social, es decir, del paso de la mujer del trabajo privado al trabajo social, constituyen una de las bases económicas del feminismo (descompensaciones y dobles cargas, que a su vez exigen romper con prejuicios, etc.). Hoy esta es la base fundamental del feminismo (otra cosa era a finales del siglo XIX y buena parte del XX, cuando las mujeres burguesas no podían votar ni manejar su patrimonio, ni las mujeres de las capas intermedias podían formarse y trabajar en cualquier rama; cuestiones hoy superadas, al menos en los países de largo desarrollo capitalista).
    1. En España, este proceso creciente de oferta de mercancías acabadas o facilitadoras del trabajo doméstico, lleva desde hace 50 años reduciendo claramente y envejeciendo a la figura de la ama de casa (cada vez quedan menos y de más edad). En su lugar, se desarrolla la mujer asalariada (cada vez son más y las mujeres jóvenes tienden a serlo más). El proceso no se ha detenido. Sigue. Como consecuencia, el porcentaje de mujeres sindicadas lleva décadas aumentando, y ha dado saltos importantes en el siglo XXI. Se acerca a equipararse con la cantidad de trabajadores hombres sindicados.
        Sopa de la compañía Cmpbell, productora de comida enlatada desde 1869 

         

        1. Por todo ello, la clase obrera es cada vez más compacta entre sexos (también lo es entre salarios: nunca un trabajo cualificado y uno no cualificado han recibido salarios menos diferenciados). La clase obrera, con cada crisis recurrente, con cada lucha sindical, va tomando conciencia de esto y va tratándose de manera más paritaria que nunca.
        1. Como dijeron Marx y Engels en 1848 en el Manifiesto de Partido Comunista, el modo de producción capitalista sienta más y más las bases de su propia superación.
        1. Hoy estamos lejos de las dificultades que identificaba Clara Zetkin, a finales del siglo XIX, para la entrada de las mujeres a los sindicatos. Acuden ellas mismas como agentes conscientes de la producción social.
        1. Por la misma razón, los sectores de avanzada y de voluntad revolucionaria van identificando las insuficiencias de todos los reformismos que nos ofrece hoy la sociedad burguesa (también en el ámbito específico de la cuestión de la mujer) y van accediendo al marxismo-leninismo. El marxismo-leninismo está en muy lenta recuperación desde la crisis de 2008. Se aprecia un avance después décadas de constante retroceso.
        1. No es de extrañar que esta década acabe alumbrando en España a importantes figuras femeninas marxistas-leninistas. Pocas (como pocos son también los hombres que lo dominan), pero elevadas por encima de las ruinas del marxismo occidental y del eurocomunismo, nutridas de los clásicos e investigadoras de la actualidad, y fuertemente entrenadas contra el posmodernismo y el reformismo, y en particular contra todas las teorías que se interponen específicamente entre la mujer obrera y el marxismo-leninismo. Será figuras que habrán estudiado las obras fundamentales de Marx, Engels, Lenin y Stalin, las experiencias revolucionarias socialistas hasta la actualidad y el estado vigente del imperialismo. Dominarán el materialismo dialéctico e histórico y la economía política. Podemos poner la mano en el fuego porque, o se parte de esto, o no se llega a ningún sitio.
        1. Las condiciones objetivas exigen el desarrollo del Partido Obrero, del Partido Comunista, superando una larga historia de derrotas y deterioro. Y tal Partido Comunista fuerte tendrá, en España, más mujeres que nunca. De esto no cabe ninguna duda. El desarrollo objetivo aboca a ello. Pero la primera premisa para alcanzar este partido fuerte es el fortalecimiento ideológico. El marxismo-leninismo acumulado hasta la actualidad nos lega un edificio gigantesco de publicaciones ineludibles. Solo dominando las herramientas de este legado podremos abordar el presente y hacer el correcto análisis concreto de la realidad concreta sin caer en confusiones. A su vez, solo así podremos desarrollar el marxismo-leninismo.
        1. Superando la debilidad ideológica podremos afrontar la debilidad organizativa, y a su vez la debilidad política. Pero sin el dominio científico, profundo, de esa concepción integral del mundo que es el marxismo-leninismo, todo estará perdido; todo esfuerzo organizativo no podrá aspirar a más que la supervivencia, se carecerá de orientación política nítida que desarrolle el movimiento comunista y nunca habrá forma de encontrar tiempo ni modo para la recuperación ideológica. Es una conocida historia que camina en espiral descendente, y hemos de invertir este desarrollo.
        1. ¿Qué significa todo esto a nivel concreto? Qué en las tareas revolucionarias hoy, si queremos llegar a una etapa superior de lucha, es indispensable incluir con seriedad el trabajo necesario para el estudio del marxismo-leninismo. Dicho de manera muy clara y numérica: que hay que asumir que va a ser indispensable estudiar 30-60 páginas de marxismo-leninismo a la semana (no dos ni cinco páginas; sino decenas), empezando por Marx, Engels, Lenin y Stalin, y apoyándose en los soberbios manuales soviéticos que se encuentran online. [Escriban a La Comuna o a Volver a Marx [email protected] si necesitan orientaciones más precisas en este aspecto.]
        1. Este estudio sistemático del marxismo-leninismo ya se desarrolla en algunos focos, puesto que no es un deseo sino una necesidad histórica. Si es compaginado con el análisis de la situación actual y en contacto con las clases trabajadoras, hará posible que a finales de esta década el movimiento comunista dé un salto cualitativo, con un número de cuadros con capacidad dirigente y de orientación. Todo depende de que se sostenga y se expanda este estudio; fenómeno que está ocurriendo. No importa que al inicio sea en círculos pequeños. De hecho, no puede ser de otro modo. Con el tiempo, los integrantes de los grupos pequeños se vuelven capaces de impulsar a grupos más numerosos, e incluso a otros grupos.
        1. Hoy la derecha habla de comunismo sin ningún criterio. Quizá en un tiempo logremos dar sentido a sus quejas. Veremos… Todo depende de identificar la tarea histórica en la etapa presente y volcarse a resolverla.

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        Estudió Licenciatura en Bellas Artes en la Universidad del País Vasco y maestría en Sociología Política en el Instituto de Investigaciones Dr. Mora, de la Ciudad de México.

        Ha realizado investigaciones sobre historia del arte del siglo XX.

        En 2018 publicó La disputa de la ruptura con el muralismo (1950-1970): Luchas de clases en la rearticulación del campo artístico mexicano.

        Es miembro de la Asociación Cultural Volver a Marx y del Seminario de El Capital de la Universidad del País Vasco en Bilbao.