“La Ucrania que dio su vida por salvar al mundo es la que es perseguida en su propio país por un régimen que aúpa a los colaboracionistas del nazismo”

    ” Tras la Segunda Guerra Mundial, el antifascismo que las potencias capitalistas occidentales habían tomado por bandera durante la guerra, pasa a un segundo plano. La lucha contra el comunismo sirvió de cobertura para muchos nazis y fascistas europeos que se escondieron en Latinoamérica con el apoyo y la cobertura que desde Europa les dio la dictadura de Franco”

     

    Tras la desintegración de la URSS, Ucrania sufre el mismo destino que el resto de las Repúblicas, es decir, la destrucción por completo de su sociedad y la venta en pedazos de su país. Creando una oligarquía corrupta, mafiosa, con más intereses en el extranjero que en el desarrollo de su propio Estado.

    En el plano ideológico se produce una descomunistización que lleva a poner en valor los regímenes previos al triunfo del socialismo. En el caso de Ucrania, la puesta en valor de lo que significó la “otredad” frente a la Ucrania socialista, es decir, el nacionalismo ucraniano reconvertido en colaboracionismo nazi durante la Segunda Guerra mundial y ahora en una fuerza unificadora excluyente en un país construido históricamente sobre una amplia diversidad cultural y de pueblos.

    Tras la Segunda Guerra Mundial, el antifascismo que las potencias capitalistas occidentales habían tomado por bandera durante la guerra, pasa a un segundo plano. La lucha contra el comunismo sirvió de cobertura para muchos nazis y fascistas europeos que se escondieron en Latinoamérica con el apoyo y la cobertura que desde Europa les dio la dictadura de Franco.

    El régimen en España, impuesto tras el triunfo de las fuerzas reaccionarias en la mal llamada Guerra Civil, a su vez, es blanqueado desde el exterior -fundamentalmente por los EEUU- ya que tras la Doctrina Truman se impone que el principal enemigo es el comunismo y que, por tanto, el Fascismo puede ser un aliado para sus fines.

    “Fueron los patronos los que implantaron a los fascistas” dice el personaje de Olmo en la película Novecento. Y así es. Los nazis y fascistas europeos permanecieron protegidos, y a veces instrumentalizados, por el gran capital imperialista. Sólo hay que ver su participación en la Operación Cóndor en América Latina o en la Operación Gladio, en el continente europeo.

    Pensaremos que hoy por hoy es hasta ridículo pensar en un temor al comunismo. Y aunque esto es cierto, no lo es menos que estamos atravesando una profunda crisis capitalista. Una crisis que acentúa contradicciones internas de este modo de producción en su fase imperialista.

    Volviendo a Ucrania es importante destacar qué vino después del golpe de Estado del Maidan en 2014. Por un lado, unas políticas lingüísticas que azuzaron, inevitablemente, conflictos de convivencia en un país con una gran diversidad cultural desarrollada por su propia historia. Por otra parte, la persecución del sindicalismo, de los partidos políticos, coincide con una nueva fase de expolio total del Estado o de lo que poco a poco queda de él.

    En ese sentido, en el jardín de Borrell, esa Unión Europea que carece de un gobierno elegido democráticamente (nadie votó a la Comisión Europea), que persigue y censura medios de comunicación (ni en EEUU han llegado tan lejos, RT y Sputnik están censuradas aquí, no allí), que impone medidas antisociales y está destruyendo todo el tejido de cobertura social de los Estados, que persigue a movimientos políticos y a Sindicatos, y reprime manifestantes, nos tratan de convencer de una especie de superioridad moral. Una supuesta guerra entre “Democracia” (que deben ser ellos) y autoritarismo (que es todo el que se oponga a sus planes). Un supremacismo, tan falso como peligroso, que nos lleva directos al recuerdo de los peores momentos de la historia de Europa.

    Otra de las consecuencias de este escenario es la reescritura de la historia. Las campañas desde la UE para igualar comunismo y fascismo atentan directamente contra la verdad histórica. Pero más aún, la banalización e incluso normalización que se está haciendo del fascismo -empezando por equiparlo con el comunismo- supone una apuesta clara que sólo nos puede llevar a la destrucción.

    Nos estamos acostumbrando a que se puedan prohibir artistas por el hecho de ser de origen ruso o escribir en ruso, nos están haciendo pasar por válido que se ate a gitanos en farolas bajo el argumento de que según ellos son delincuentes, como si fuese normal atar a delincuentes en farolas, estamos viendo la potencialización del etnicismo en países diversos como una forma de garantizar una desestabilización constante.

    Hoy, 9 de mayo, es el aniversario de la derrota del nazi-fascismo en Europa. Este fin de semana a nivel internacional se realizaron varias marchas de reivindicación del Batallón Inmortal. Unas marchas que se iniciaron en la Federación rusa en 2012, y que, a partir del año siguiente, también comenzaron a realizarse en otros puntos del planeta. La criminalización que desde los medios de comunicación se está llevando a cabo contra estas marchas, incluso con ataques directos a eventos relacionados con el festejo de esta efeméride, está generando un nuevo escenario de banalización del fascismo y de asunción de la Doctrina Truman: todo vale para nuestros fines, incluso proteger o aupar a nazis. Así como hicieron durante la Guerra Fría.

    Debemos estar muy atentos a este momento histórico. Estamos gobernados por criminales, por irresponsables que -por sacar su propio rédito- están condenando a todo un continente, como ya hicieron al condenar a un país entero como es Ucrania y por los mismos motivos.

    Hoy también debemos recordar que 8 millones de ucranianos lucharon y dieron su vida para acabar con el nazismo. Esa Ucrania que dio su vida por salvar al mundo es la que ha sido perseguida en su propio país por un régimen que aúpa a los colaboracionistas del nazismo.

    Nos invitan a campañas solidarias con el pueblo ucraniano los mismos responsables de la destrucción de ese país. Una destrucción que se inició desde los años noventa del siglo pasado y que, además, están instrumentalizando hoy en su lucha contra Rusia. Amenazando y provocando a una potencia nuclear porque, llegados a este punto, nos debe quedar claro que a la UE nada le importa el destino del mundo, ni siquiera su propio destino o su propia historia.

    Autor

    Directora Revista La Comuna

    Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Sevilla. Gestora cultural, escritora, poeta y analista internacional en distintos medios escritos o audiovisuales. Autora de la compilación poética “La Generación de la Sangre I” para Editorial Ultramarina Cartonera, a través de la Plataforma de Artistas Chilango-andaluza.

    “Arquitecturas y Mantras” de la Editorial Bucéfalo fue su primer libro de poesía en solitario. A su vez, actualmente colabora en Hispan TV y otros medios internacionales en habla hispana analizando la actualidad política. Miembro de la Asociación Cultural Volver a Marx. Milita en Trabajadoras Andaluzas.