La justicia británica “festeja” el Día Internacional de los Derechos Humanos facilitando la extradición sin garantías de Julian Assange

“La fantasía de la democracia liberal se desvanece y deja al desnudo un sistema corrupto motivado por intereses de clase que condicionan y delimitan esos derechos del ciudadano que decían defender

“Assange y  Pinochet: una representación en dos actos del vodevil de la democracia liberal burguesa y su sistema de “justicia”, en plena festividad hipócrita del Día Internacional de los Derechos Humanos”

En 1998 Margaret Thatcher señalaba al dictador chileno Augusto Pinochet como “el único preso político existente en Gran Bretaña”. Esto podría sonrojar a cualquiera, pero la Dama de Hierro decidía de forma pública tomar partido claro en la contienda legal por crímenes de lesa humanidad que recaía sobre Augusto Pinochet.

Apelando a un principio de Jurisdicción Universal desde España se solicitaba la extradición del dictador chileno con la intención legítima de encausarle por crímenes de lesa humanidad enmarcados dentro del golpe de estado y la dictadura que vivió Chile desde el 11 de septiembre de 1973. Entre los cargos se incluían 94 denuncias de tortura a ciudadanos españoles, el asesinato en 1975 del diplomático español Carmelo Soria y conspiración para cometer tortura (1). 

Tras 503 días en arresto domiciliario, la Cámara de los Lores, determinó que Pinochet no gozaba de inmunidad y que por tanto podría ser juzgado. Sin embargo, el ministro de Interior británico, Jack Straw, decidió que no debía ser extraditado a España debido a su estado de salud.

Así la imagen del dictador desvalido que se encontraba en Gran Bretaña contrastó con la del Pinochet erguido que aterrizó en Santiago de Chile en el 2000 tras ser liberado por los británicos.

Gran Bretaña se ha proyectado a sí misma como la cuna de la democracia parlamentaria y liberal, el garante por tanto de los principios liberales como la separación de poderes o los derechos del ciudadano, incluida la libertad de prensa y el derecho a una información veraz o a un juicio justo. No obstante, vemos como una y otra vez, la fantasía de esa supuesta democracia liberal británica se desvanece, dejando al desnudo un sistema corrupto motivado por intereses de clase que condicionan y delimitan esos derechos del ciudadano que decían defender. Pero la hipocresía es un elemento moral. No lo es tanto poner trabas deliberadas a un procedimiento judicial usando todas las herramientas del estado para ello. Ahí se produce un claro fraude lleno de evidencias.

Así más de veinte años después, la justicia británica se veía de nuevo en la tesitura de tener que tomar partido al respecto de aceptar o no una nueva petición de extradición. El caso de Julian Assange, quien había permanecido refugiado en la embajada de Ecuador por 7 años, se convertía en una nueva prueba para que la democracia liberal británica demostrase si era o no fiel a lo que ellos mismos consideran sus principios fundamentales.

Parecía que la historia se repetía, y las trampas del sistema legal y político británico se activaban. Imágenes privadas (3) dentro de la embajada de Ecuador eran filtradas a la prensa como elemento de justificación para la retirada del asilo político de Ecuador. Se activaba, como en el caso de Pinochet, toda la maquinaria mediática, política y judicial que dejaba constancia que en efecto no nos íbamos a encontrar con un procedimiento legal al uso.

¿Cuál ha sido la actitud del estado británico en el caso Assange?

Al contrario de lo vivido con la solicitud de extradición de Pinochet, al fundador de Wikileaks, no se le permitió una prisión domiciliaria, por el contrario, se le internó en la prisión de máxima seguridad de Belmarsh, que como decía en su crónica sobre la primera parte del juicio de extradición el comunicador y ex diplomático británico Craig Murray  : “no es más que la negación física de la presunción de inocencia, la encarnación misma de la injusticia en el acero inflexible, el hormigón y el vidrio blindado” (4)

Prisión de máxima seguridad de Belmarsh conocida como la “Guantánamo británica”

Otro de los elementos fundamentales que marcan la diferencia entre ambos procesos ha sido como pese a que en ambos casos y por la misma teórica razón “humanitaria” se ha rechazado la extradición de los detenidos, al menos en primera instancia, el proceso contra Assange se ha extendido sospechosamente en el tiempo y más aún se le ha impedido la libertad bajo fianza a la espera, con calma, de que EEUU pudiese agotar los plazos de apelación (5). Así, pese a que se rechazó la extradición de Assange en enero de 2021 ha permanecido todo este tiempo encerrado en la prisión de máxima seguridad de Belmarsh y en régimen de aislamiento. Siendo este un elemento claramente contradictorio al respecto de la situación de salud física y sobre todo mental que asumió la propia audiencia como justificación jurídica para no extraditar al creador de Wikileaks en enero de este mismo año.

Un simple peritaje médico sirvió para no extraditar a Augusto Pinochet y darle un salvoconducto hacia Chile, donde finalmente un juicio simbólico volvió a liberarle por ser “demasiado mayor”. La denuncia de más de cien médicos (6) y un relator de la ONU asegurando que Julian Assange no está recibiendo la atención médica que necesita con urgencia y que esto agravaba notablemente su salud física y mental, sin embargo, no ha garantizado que se le concediese siquiera la libertad condicional que le hubiese ayudado a que, en efecto, pudiese recibir la atención médica que precisaba. Ni siquiera llevó a cuestionar los métodos de esa prisión de máxima seguridad donde le han tenido encerrado como si hubiese sido condenado por los peores delitos.

Entre el tiempo recluido en la embajada ecuatoriana y la reclusión en la prisión de máxima seguridad de Belmarsh, Assange lleva confinado nueve años. En Belmarsh, además, tal y como señala su equipo jurídico, en régimen de incomunicación y teniendo solo una hora al día para salir de su celda. A su vez, debido o usando como excusa la crisis sanitaria del coronavirus, no se le garantizaron visitas durante más de seis meses, como denunciaba la compañera de Assange.

El veredicto de la jueza para negar la extradición era una supuesta preocupación por el estado mental del acusado, incluso temiendo que una extradición a EEUU pudiese suponer una posibilidad real de suicidio del australiano.

¿Es que todos estos elementos no repercuten de forma objetiva en la salud física, pero sobre todo mental, que la propia audiencia británica reconoció al negar en enero la extradición? ¿Puede la justicia británica actuar de jueces y de parte en el estado de deterioro que sufre el fundador de Wikileaks?

Carteles y pancartas contra la extradición de Julian Assange a EEUU, en la verja de Woolwich Court Court en Londres. IMAGEN: Henry Nicholls, REUTERS

Mientras Pinochet pasó unas apacibles vacaciones en Londres a la espera de un trámite burocrático para poder volver a Chile; Assange, por el contrario, lleva nueve años cumpliendo condena y está sometido a una extensa tortura sin aún haber sido juzgado por los delitos que se le encausan. La justicia británica simplemente creó su propio Guantánamo para facilitar la acción de su socio estadounidense.

Hoy, 10 de diciembre de 2021, la apelación llevada a cabo por la Administración Biden, surtió su efecto y la justicia británico falló a favor de la extradición de Assange. Muchos son los temores de la defensa si esta extradición finalmente llega a producirse. Por un lado, hay un evidente temor por la salud física y mental del periodista; por otro lado, las sospechas de un final trágico para el fundador de Wikileaks están presentes. A fin de cuentas, hoy, Día Internacional de los DDHH, la justicia británica ha dado la orden de enviar a un preso político a uno de los países que más vulneran los derechos humanos en general y los derechos de los presos en particular.

Nada de esto sería posible sin la colaboración necesaria del poder político, mezclado y difuso en una farsa de aparente separación de poderes. Confundidos en un mismo escenario, con personajes recurrentes, pero que a través de casos como el de Assange y el de Pinochet vemos a través de sus dos caras, la amable y la del verdugo. Una representación en dos actos del vodevil de la democracia liberal burguesa y su sistema de “justicia”, en plena festividad hipócrita del Día Internacional de los Derechos Humanos.

 

NOTAS:
  1. España solicita la extradición de Pinochet. Pinche AQUÍ para enlace web.
  2. Pinochet llega a Chile. Pinche AQUÍ para enlace web.
  3. La prensa distribuye imágenes privadas en la Embajada de Ecuador. Pinche AQUÍ para enlace web.
  4. Crónica del periodista Craig Murray.  Pinche AQUÍ para enlace web.
  5. Retrasos en los trámites judiciales en el caso Assange. Pinche AQUÍ para enlace web.
  6. Más de cien médicos denuncian el estado de deterioro de Julian Assange. Pinche AQUÍ para enlace web.
  7. Fallo a favor de la apelación de EEUU abre la puerta a la extradición de Julian Assange. Pinche AQUÍ para enlace web. 

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Directora Revista La Comuna

Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Sevilla. Gestora cultural, escritora, poeta y analista internacional en distintos medios escritos o audiovisuales. Autora de la compilación poética “La Generación de la Sangre I” para Editorial Ultramarina Cartonera, a través de la Plataforma de Artistas Chilango-andaluza.

“Arquitecturas y Mantras” de la Editorial Bucéfalo fue su primer libro de poesía en solitario. A su vez, actualmente colabora en Hispan TV y otros medios internacionales en habla hispana analizando la actualidad política. Miembro de la Asociación Cultural Volver a Marx. Milita en Trabajadoras Andaluzas.