“Más allá de la idea de contener la situación militar, Kiev busca así mantener un suministro eléctrico que teme que le sea arrebatado y que, a corto plazo, no tendría capacidad de sustituir”

    “Apenas 24 horas después de esa admisión implícita de que Ucrania ataca la planta, el presidente ucraniano volvía a acusar a Rusia de terrorismo nuclear y exigía “al mundo” actuar con rapidez. Repitiendo otra idea heredada de los primeros ocho años de guerra en Donbass, Ucrania, que durante semanas ha obstaculizado el envío de una misión del Organismo Internacional de la Energía Atómica alegando que legitimaría la ocupación rusa, busca una retirada rusa para ceder el territorio a un actor exterior”

    El 4 de marzo, en la segunda semana de su intervención militar, las tropas rusas tomaron el control de la central nuclear de Zaporozhie, situada en la localidad de Energodar y a orillas del río Dniéper, que quedaba así como barrera natural entre los dos ejércitos. Días antes, una columna formada por la población local había bloqueado la carretera para proteger la central de la posible llegada de las tropas rusas, que finalmente capturaron la planta en una noche en la que la prensa pudo constatar varias explosiones. En aquel momento, Rusia acusó a Ucrania de los hechos alegando un sabotaje, mientras que la prensa occidental señalaba a un proyectil ruso como causa del incendio en uno de los edificios, poniendo rápidamente en cuestión la seguridad de la zona debido a un posible aumento de la radiación.

    Pese a que la propia planta confirmó horas después unos niveles normales de radiación y que la central nunca había corrido peligro, Ucrania utilizó por primera vez la acusación de terrorismo nuclear que vuelve a surgir ahora, cuando Energodar se ha convertido en uno de los puntos calientes de la guerra. Se repite así el mismo escenario que se produjo el pasado marzo, con acusaciones mutuas entre Rusia y Ucrania y un aumento de la incertidumbre sobre la posibilidad de que pudiera producirse un incidente nuclear en la que es la central nuclear más grande de Europa.

    Desde entonces, la estrategia rusa en la zona ha sido similar a la utilizada en las semanas en las que Rusia mantuvo el control sobre Chernóbil. Pese al control militar ruso en la zona, es la empresa estatal ucraniana Energoatom quien mantiene el control técnico. Los trabajadores ucranianos continúan operando la central, conectada aún al sistema eléctrico ucraniano, para el que es una fuente de energía imprescindible. Esa es precisamente una de las preocupaciones de Ucrania, cuyo presidente, Volodymyr Zelensky, presentaba hace apenas unos días a su país como un potencial exportador de electricidad a la Unión Europea.

    La posibilidad de que la central fuera desconectada de la red eléctrica ucraniana, causando graves daños a corto plazo a ciudadanos e industrias a las que surte, no es nueva. Sin embargo, el paso del tiempo y la consolidación de la presencia rusa en el sur de Ucrania han hecho aumentar la preocupación y, con ella, la necesidad de colocar el foco sobre la situación alrededor de Energodar. Desde hace meses, la fecha del 1 de septiembre ha sido repetida como posible momento en el que Rusia podría desconectar la central del sistema eléctrico ucraniano, provocando una grave crisis energética en un momento en el que se acerca la temporada de calefacción. Sin embargo, en estos meses no ha habido declaración oficial alguna por parte de Rusia indicando esa posibilidad.

    Separada por el río Dniéper de la localidad de Nikopol, crecientemente presente en los partes de guerra a causa de los ataques rusos y duelos de artillería, Energodar es uno de los puntos considerados vulnerables para las tropas rusas. Las tropas ucranianas han optado por una estrategia de ataques en toda la línea del frente en lugar de centrar sus esfuerzos en una ofensiva concreta. Semanas después de anunciar una inminente gran ofensiva para recuperar Jerson, único centro regional bajo control ruso más allá de Donbass, los avances ucranianos se asemejan más a la estrategia de pequeños pasos de capturar pequeñas localidades en la línea del frente o la zona neutral que Ucrania utilizó en Donbass entre 2015 y 2022. Sin embargo, mejor armada que hace unos meses gracias al significativo flujo de armamento extranjero, especialmente importante en el caso de la artillería pesada, Ucrania ha adquirido una mayor capacidad de destrucción.

    Por el momento, ese mayor potencial no se ha traducido en grandes avances territoriales ni ha logrado ralentizar en exceso una ofensiva rusa que ya desde sus inicios fue lenta, pero sí ha señalado el frente sur como prioridad para las autoridades ucranianas, incluso a costa de empeorar la situación de sus tropas en Donbass. El aumento de la actividad militar en la margen derecha del Dniéper en las zonas de Jerson y Energodar actúa como elemento de contención de cualquier intento ruso de avanzar sobre Nikolaev en la parte más occidental del frente sur o Nikopol y Zaporozhie en la más oriental.

    Sin avances en esas direcciones desde hace meses, el objetivo más plausible es el de tensionar diferentes partes de un frente que se extiende a lo largo de centenares de kilómetros y tratar de abrumar al máximo a las tropas rusas y minar su potencial militar en base a infligir el mayor nivel posible de daños. A ello responden también los ataques que se han producido en Crimea, lugar clave para el desarrollo de las operaciones militares rusas en el frente sur y donde se encuentra uno de los objetivos más deseados para Kiev: el puente de Kerch que une la Rusia continental con la península.

    La central nuclear de Energodar ejerce así un doble papel, no solo como elemento de presión en el frente, sino como foco mediático en busca de concesiones por parte de Rusia. Ucrania busca, con su presión militar y política, causar la percepción de una situación insostenible, con el objetivo de un abandono ruso de la zona. Así lo han exigido Ucrania y más de cuarenta de sus aliados que, alegando un peligro real de incidente nuclear por los bombardeos contra la central, han exigido a Rusia la entrega del control de la central a Kiev.

    Desde que la central nuclear de Zaporozhie volvió al foco mediático, la prensa occidental ha resaltado las acusaciones mutuas de Rusia y Ucrania sobre el uso de artillería contra la central. El domingo, las agencias de noticias citaban a Volodymyr Zelensky afirmando que Ucrania atacará a los soldados rusos en la central o disparando contra ella, añadiendo un giro más a la acusación de Kiev de que es Rusia quien bombardea la única central nuclear ucraniana bajo su control. La acusación de bombardeos de falsa bandera contra su propio territorio han sido una constante a lo largo de los últimos ocho años de guerra y también fue la explicación ucraniana al ataque sobre la prisión de Elenovka, en el territorio controlado por la República Popular de Donetsk, donde murieron docenas de prisioneros de guerra ucranianos.

    Apenas 24 horas después de esa admisión implícita de que Ucrania ataca la planta, el presidente ucraniano volvía a acusar a Rusia de terrorismo nuclear y exigía “al mundo” actuar con rapidez. Repitiendo otra idea heredada de los primeros ocho años de guerra en Donbass, Ucrania, que durante semanas ha obstaculizado el envío de una misión del Organismo Internacional de la Energía Atómica alegando que legitimaría la ocupación rusa, busca una retirada rusa para ceder el territorio a un actor exterior, Naciones Unidas, con cuyo secretario general se reunió el jueves Volodymyr Zelensky. En una reunión a tres (1) con Recep Tayyip Erdoğan, Zelensky y Antonio Guterres pactaron el formato de visita del OIEA, que deberá producirse desde Ucrania y según los términos ucranianos, lo que implica que la misión tendrá que atravesar el frente en uno de sus puntos calientes.

    Esta exigencia ucraniana, apoyada por la presión de sus socios, es el primer paso en su intento de recuperar por la vía de la presión militar y política a Rusia el control de la central, y quizá de Energodar en general. Para ello, es preciso tensar la situación y lograr que exista una percepción de posible accidente inminente. Más allá de la idea de contener la situación militar, Kiev busca así mantener un suministro eléctrico que teme que le sea arrebatado y que, a corto plazo, no tendría capacidad de sustituir. Ahora mismo, esa labor implica el uso de artillería contra la central nuclear de Energodar. Aunque de construcción lo suficientemente moderna como para disponer de unos reactores preparados para soportar esa presión, la central cuenta también con puntos más vulnerables que hacen que no se pueda descartar la posibilidad de un accidente nuclear.

    Notas:

    (1). Reunión a tres con Recep Tayyip Erdoğan, Zelensky y Antonio Guterres. Pinche AQUÍ para enlace web.

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    Periodista y socióloga. Máster en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y en Problemas Sociales por la UNED. Miembro de Geopolitikaz y editora del blog http://Slavyangrad.es, que sigue desde 2014 la actualidad de la guerra en Donbass y en Ucrania.