“La determinación de los países BRICS de iniciar la ampliación indica la irreversibilidad de un proceso que ya está en marcha”

    “Se observa la creación de un sistema internacional caracterizado por la multipolaridad, con un conjunto de jugadores que tiene capacidad de afectar directamente e indirectamente la naturaleza y el alcance de las interacciones globales”

    “A diferencia del ALBA, a pesar de la presencia de la China liderada por el Partido Comunista y de los países progresistas Sudáfrica y el Brasil de Lula y Dilma Roussef, el grupo BRICS no se da una caracterización política ni pretende superar el capitalismo o el libre mercado con nuevos modelos de desarrollo”

    “En el nuevo mundo multipolar, las relaciones verticales entre el Norte y el Sur dan paso a nuevas relaciones comerciales y políticas horizontales entre el Sur y el Este”

    Nota de edición: En la XV Cumbre del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), celebrada durante el mes de agosto de 2023 en Johanesburgo, el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, anunció que el grupo admitía el ingreso de Argentina, Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. La membresía plena entrará en vigor el 1 de enero de 2024. Nace así BRICS+. Abriendo un nuevo escenario con la implicación de nuevas zonas regionales como Asia Occidental, con países grandes exportadores de petróleo, y el aumento de la presencia de África y, posiblemente, América Latina. Analizaremos este nuevo contexto que representa el 22% de la superficie continental, el 42% de la población mundial, el 24% del PBI mundial y contribuyen con el 16% de las exportaciones y el 15% de las importaciones mundiales de bienes y servicios. Esta ponencia fue parte de la mesa dedicada al Nacimiento de BRICS + durante las Jornadas Virtuales de Revista La Comuna: 2023 en perspectiva.

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    La primera vez que se conceptualizó la idea de un bloque de países emergentes fue en 2001, cuando el economista del banco Goldman Sachs Jim ‘O Neil se refirió a los BRIC como las cuatro economías (Brasil, Rusia, India y China) que dominarían los mercados internacionales en 2050. En los mismos años, el think-tank Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, que incluía a miembros de la administración Bush, como Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Richard Perle, Paul Wolfowitz y el profesor Robert Kagan, marido de Victoria Nuland, teorizó y promovió la política de liderazgo global de EEUU. La idea era que con el fin del orden bipolar EEUU-URSS, EEUU debía liderar un nuevo orden mundial unipolar basado en valores y reglas occidentales. Ya a finales del milenio XX, el PNAC había identificado un obstáculo potencial para la construcción del nuevo orden mundial unipolar: China. La Pax Americana intentó imponerse con la globalizacion y con tres terribles guerras: el ataque a lo que quedaba de Yugoslavia, para acabar con el último vestigio de socialismo en Europa, y las infames “exportaciones democráticas” de la era Bush a Afganistán e Irak, con las que EEUU intentó consolidar su papel de policía del mundo. La victoria en la Guerra Fría, sin embargo, no fue en absoluto la garantía de victoria para su hegemonía mundial.

    A principios del nuevo milenio, la hegemonía estadounidense fue desafiada por movimientos y países progresistas de América Latina. En el lema del Foro Social “Otro Mundo es Posible” se formuló la intención de romper con la hegemonía estadounidense desde la izquierda, oponiendo a la globalización neoliberal nuevas relaciones basadas en la solidaridad y la cooperación, y no en el egoísmo y la competencia, en la valorización de las culturas y los pueblos y no en la uniformización de gustos, culturas, ideas, estandard de vida impuestos por los mercados globales. Dos líderes se convirtieron en protagonistas de los movimientos antiglobalización: Luis Ignacio Lula da Silva, consagrado por el primer foro social de Portalegre, y Hugo Chávez, elegido presidente de Venezuela en 1999. El proceso socialista iniciado en la Venezuela de Chávez demostró a las democracias liberales que la historia no había terminado en 1991, con el colapso de la Unión Soviética. El socialismo había vuelto a entrar en la senda de la historia de la humanidad y se había impuesto por medios pacíficos en un Estado que llevaba décadas estrangulado por el imperialismo norteamericano. Tras sobrevivir a un intento de golpe de Estado, en 2004 Chávez fundó el ALBA, la Alianza Bolivariana de las Américas, con el apoyo de la Cuba de Fidel Castro. En los años siguientes se sumaron los gobiernos progresistas de Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua y la Honduras de José Manuel Zelaya. El continente latinoamericano, liderado por el ALBA y democracias progresistas como el Brasil de Lula y Dilma y la Argentina de Cristina Kirchner, entró en un proceso irreversible de emancipación de la Doctrina Monroe, liberándose del estatus de patio trasero de Estados Unidos.

    Si latinoamerica se levanta en contra de la globalizacion, el sueño neocon de un nuevo siglo se ve truncado, más aún, por la aparición de nuevos actores internacionales que exigen una redistribución del poder mundial desde mediados de la década de 2000. Como consecuencia de esto se observa la creación de un sistema internacional caracterizado por la multipolaridad, con un conjunto de jugadores que tiene capacidad de afectar directamente e indirectamente la naturaleza y el alcance de las interacciones globales.

    En este marco en junio del 2009, en la ciudad rusa de Ekaterininburg, se reunen Brasil, Rusia, India y China para dar vida a los BRIC, que en 2011, con la adesion de Sudáfrica, se convertirá en el grupo de las cincos economías emergentes conocido como BRICS.

    Actualmente los 5 BRICS representan el 27% de la superficie del planeta, el 47% de la población mundial y el 27% del PIB mundial. A diferencia del ALBA, a pesar de la presencia de la China liderada por el Partido Comunista y de los países progresistas Sudáfrica y el Brasil de Lula y Dilma Roussef, el grupo no se da una caracterización política ni pretende superar el capitalismo o el libre mercado con nuevos modelos de desarrollo. Más bien, los BRICS son un bloque geopolítico que se impone al orden unipolar liderado por Estados Unidos, con la intención de acabar con él para construir un orden multipolar basado en relaciones de igualdad, no injerencia y beneficio mutuo entre los países. Como actores reales de un sistema de relaciones internacionales orientado hacia la multipolaridad, desempeñan un papel objetivamente progresista al oponerse al imperialismo estadounidense.

    En el nuevo mundo multipolar, las relaciones verticales entre el Norte y el Sur dan paso a nuevas relaciones comerciales y políticas horizontales entre el Sur y el Este. En los contextos internacionales, los países del Sur global asumen un mayor peso en los procesos de toma de decisiones, y en las propias organizaciones que impulsaron la globalización en los años 90 se erosiona el llamado Consenso de Washington.

    En este contexto, en 2014 se creó el Nuevo Banco de Desarrollo y en 2015 el Acuerdo de Reservas Contingentes (ARC), como alternativas al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional. Son los primeros pasos para superar la herencia dejada por los acuerdos de Bretton Woods, que habían contribuido a crear un mundo para uso y consumo de Estados Unidos. Además, desde 2015 se han iniciado consultas para la creación de un sistema de pagos alternativo al SWIFT.

    Así, se puede ver que los BRICS no pretenden derribar los cimientos de la estructura de gobernanza mundial preexistente. Construyen un orden multipolar, fomentando una mayor participación a través de nuevos organismos, de manera conforme al sistema de reglas ya establecido por las instituciones mundiales.  La hegemonía estadounidense, que en los planes iniciales de los neoconservadores debía ser buena tanto para EEUU como para el mundo, se ve necesariamente limitada por el nuevo protagonismo de los BRICS y de los países del Sur global, que en el multilateralismo adquieren un derecho de inclusión en los procesos de toma de decisiones.

    Al largo plazo, la intención de crear una moneda única y el proceso de desdolarización, es decir, la sustitución del dólar como moneda internacional en los intercambios económicos y financieros entre países, constituyen un verdadero desafío a la supremacía estadounidense.

    La respuesta de Occidente a los BRICS ha sido la habitual: salvaguardar su dominio mediante desestabilizaciónes y guerras. En 2011, la OTAN atacó Libia y, posteriormente, inició una maniobra para cercar a Rusia, lo que condujo a la guerra en Siria y al golpe del Maidán en Ucrania. Sin embargo, las sanciones occidentales contra Rusia tras la anexión de Crimea condujeron a un acercamiento gradual entre Moscú y Pekín.

    El impulso inicial de los BRICS se ve frenado en 2014 por la lenta salida de la crisis de las economías de Estados Unidos y la UE y luego, en 2016, por el golpe judicial en Brasil contra Dilma Roussef y el ascenso de la derecha, primero de Temer y luego de Bolsonaro, este ultimo vinculado al presidente estadounidense Donald Trump.  Cuando la heterogeneidad política de los países del bloque parecía frenar su evolución hacia un nuevo modelo de gobernanza económica mundial, la guerra de Ucrania produjo una increíble aceleración hacia el multipolarismo.

    En la novena cumbre de los BRICS, celebrada en Xiamen en 2017, cinco países, entre ellos México y Egipto, habían asistido en calidad de observadores. Para ellos, el presidente chino Xi Jimping había pedido un plan BRICS plus en vistas a la ampliación. La propuesta se había incluido en la resolución final.

    El objetivo del modelo “BRICS Plus”, según el ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Li, era reforzar el diálogo y la cooperación entre los países BRICS y otros mercados emergentes y países en desarrollo, promover la creación de asociaciones más amplias y facilitar el desarrollo y la prosperidad comunes a mayor escala.

    Se buscaba, por tanto, no sólo la redistribución del poder, sino la creación de una arquitectura global más equilibrada, basada en los principios de no discriminación, igualdad de acceso a los recursos y justa redistribución.

    Latente durante varios años, el proyecto de ampliación de los BRICS a 10 avanzó rápidamente tras la intervención sin precedentes de los países occidentales en la guerra de Ucrania, en el tentativo de aislar a Rusia. Lo que adquirió cada vez más los contornos de un enfrentamiento definitivo entre el viejo mundo unilateral y el nuevo mundo multipolar.

    De hecho, tanto Biden como Stoltenberg han declarado en repetidas ocasiones que lo que está en juego no es simplemente una cuestión territorial o una cuestión de libertad y democracia, sino la arquitectura de seguridad del orden internacional liderado por Estados Unidos y, por tanto, de la propia hegemonía occidental.

    En la cumbre de los BRICS celebrada a finales de junio de 2022, llegaron solicitudes de adhesión de Irán y Argentina, y después de Arabia Saudí y Egipto. En agosto, el presidente de Argelia, Abdelmajid Tebboun, anunció la intención de su país de adherirse.  En mayo, por primera vez en la historia del grupo, sus homólogos de Kazajstán, Arabia Saudí, Argentina, Egipto, Indonesia, Nigeria, Senegal, Emiratos Árabes Unidos, Tailandia y otros países asisten a la reunión de ministros de Asuntos Exteriores de los BRICS. Venezuela, Bolivia y Bielorrusia también muestran interés por la adhesión y la consideran prioritaria. Nicaragua, en el Eastern Economics Forum, dice querer estrechar relaciones con el bloque.

    Durante la cumbre celebrada en Johannesburgo del 22 al 24 de agosto de 2023, los cinco miembros del BRICS invitaron oficialmente a Arabia Saudí, Argentina, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Irán a unirse al grupo, del que se espera que se conviertan en miembros de pleno derecho el 1 de enero de 2024. La ampliación va mejor de lo esperado, un bloque de 11 y no de 10, aunque la elección de Milei podría provocar un retiro de Argentina. Sin embargo, otros 16 países, entre ellos Venezuela, Bolivia, Bielorrusia, Cuba, Argelia, Honduras, Vietnam y Palestina, han solicitado formalmente su ingreso en la organización.  La rapidez con la que los 22 Estados decidieron solicitar su adhesión es consecuencia del atractivo del bloque, en un escenario internacional cada vez más multipolar y entre los países opuestos al imperialismo y al neocolonialismo. La determinación de los países BRICS de iniciar la ampliación indica la irreversibilidad de un proceso que ya está en marcha. Talvez tardará décadas en concluir, pero està cierto que se ha abierto el camino.

    Para la Mesa completa pinche AQUÍ. 

    Autor

    Clara Statello

    Clara Statello es licenciada en economía política, ha sido corresponsal de Sputnik Italia y colabora en distintos medios de comunicación. En 2016 participa en los Cómites de Solidaridad con la Ucrania Antifascista y con el desarrollo de la “Caravana Antifascista” promovida por la banda musical italiana, Banda Bassotti. Codirectora del programa Visión Global.