“La Alianza de Estados del Sahel (AES) acaba de salvar al Sahel de un asalto imperialista”

    “Desde el voto negativo de Sekou Touré en 1958, rechazando la Comunidad Franco-Africana, Francia no había sufrido una desgracia semejante en el continente”

    “Los distintos presidentes que se han sucedido al frente de Francia han optado, por desgracia, por hacer la vista gorda ante el despertar de África. Y están pagando el precio”

    “Gracias a las redes sociales, ha surgido un nuevo internacionalismo. Panafricanistas de todo el mundo intercambian ideas intensamente a través de grupos de WHATSAPP y Telegram”

    “La irrupción de los países emergentes en la escena internacional y su voluntad declarada de instaurar un mundo multilateral ha forjado considerablemente una conciencia estratégica en los africanos”

    Nota de edición: El Sahel es una zona de frontera entre el desierto del Sáhara y el sur de África, 5400 kilómetros que atraviesan una decena de países actuales. Su propia condición geográfica, acontecimientos de carácter histórico como el colonialismo europeo y una posición económica dependiente – consecuencia del neocolonialismo y la división internacional del trabajo-, les ha relegado históricamente como exportadores de materias primas y bienes de poco valor añadido, aumentando la dependencia. Este escenario empieza a cambiar, tras los golpes de Estado populares en Malí, Burkina Faso y Níger, sus nuevos gobiernos comienzan una lucha para acabar con la injerencia extranjera, sobre todo francesa. En septiembre de este mismo año, a través de la Carta de Liptako-Gourma, se instituye la Alianza de Estados del Sahel (AES), con el objetivo de crear un “arquitectura de defensa colectiva y asistencia mutua”. Analizaremos en esta mesa las transformaciones en el Sahel, desde la perspectiva histórica y política interna y también dentro del actual escenario geopolítico. Esta ponencia fue parte de la mesa dedicada a las transformaciones en la región del Sahel durante las Jornadas Virtuales de Revista La Comuna: 2023 en perspectiva.

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    Llegados al poder mediante golpes de Estado, los presidentes Tiani, Traoré y Goïta resisten y cosechan éxitos, a pesar de las sanciones de la CEDEAO y de Occidente. Claramente conscientes de su misión histórica, estas nuevas autoridades han dado un paso decisivo en la construcción del panafricanismo al crear una arquitectura de defensa común. Desde entonces, el miedo ha cambiado de bando.

    La última escena que ilustra la pérdida del Sahel por Francia tuvo lugar en la base aérea de Niamey el 22 de diciembre de 2023. Ese día, el Jefe del Estado Mayor del Ejército de Níger, coronel Mamane Sani Kiaou, y el Comandante de las fuerzas francesas en el Sahel, general Eric Ozanne, firmaron un documento que concretizaba la retirada de las tropas francesas de Níger. Conocidas por su arrogancia cuando se trata de África, las autoridades francesas se han ablandado de repente. France 24, RFI y los demás medios de comunicación occidentales no dedicaron ningún programa especial a este acontecimiento, a pesar de que sus oyentes y telespectadores a menudo han tenido derecho a ello por mucho menos. Este cambio de tono de los políticos y sus medios de comunicación es la prueba de que la “Françafrique” está moribunda.

    El fin de los “negros grecolatinos”

    Desde el voto negativo de Sekou Touré en 1958, rechazando la Comunidad Franco-Africana propuesta por el general De Gaulle, Francia no había sufrido una desgracia semejante en el continente. Para comprender mejor esta debacle, conviene hacer una cronología de los acontecimientos. Todo comenzó el 26 de julio de 2023, cuando miembros de la guardia presidencial secuestraron al presidente de Níger, Mohamed Bazoum. 48 horas después, el general de brigada Abdourahamane Tiani se proclamó jefe del Estado y se creó un Consejo Nacional de Salvaguardia de la Patria (CNSP) para pasar página a Bazoum. Siguiendo el ejemplo de Francia, la CEDEAO condenó duramente el golpe y dio a las nuevas autoridades dos semanas para restituir al depuesto presidente Mohamed Bazoum; de lo contrario, la organización subregional intervendría militarmente para desalojar a los golpistas. El 3 de agosto, una delegación de la CEDEAO fue enviada a Niamey para reunirse con los nuevos dirigentes. Los emisarios de la organización subregional fueron valientemente rechazados por el CNSP. Inmediatamente después, se ordenó al embajador francés en Niamey que abandonara Níger en un plazo de 48 horas.  Se ordenó a las tropas francesas que se marcharan.

    En su celo habitual, París indicó que la salida de su embajador y de sus tropas no estaba en la agenda. El 10 de septiembre, el presidente francés declaró con orgullo que “un redespliegue de tropas francesas solo sería posible a petición del presidente Bazoum”. El 22 de noviembre, Emmanuel Macron afirmó: “Haré lo que acordemos con el presidente Bazoum porque él es la autoridad legítima y hablo con él todos los días”. ¡Júpiter está en sus nubes!

    Al igual que sus predecesores, el presidente francés sigue considerando “un asunto de negros” el deseo de emancipación de los africanos. Para él, incluso en el siglo XXI, los africanos no son capaces de identificar claramente sus intereses y defenderlos hasta la última gota de su sangre. Al igual que Sarkozy, que creyó poder mantener a Ben Ali al frente de Túnez contra la voluntad de los tunecinos en 2011, Macron aún no ha comprendido que la época en la que París imponía sus dirigentes a los africanos ha terminado definitivamente. ¿Cuántos oídos necesita la clase política francesa para entender que ha llegado el momento del fin de los “negros grecolatinos” a los que se refería Jean Paul Sartre en el prefacio de “Peau noire masques blancs” de Frantz Fanon? En 1952, el célebre filósofo francés vio en los escritos de Frantz Fanon los signos de un despertar irreversible de la conciencia africana. Sartre aprovechó aquella tribuna (prefacio) para invitar a París a cambiar su mirada y su actitud hacia África y los africanos si quería mantener relaciones sanas con el mundo negro de hoy y de mañana.

    Los distintos presidentes que se han sucedido al frente de Francia han optado, por desgracia, por hacer la vista gorda ante el despertar de África. Y están pagando el precio. Tras Malí anteayer, Burkina Faso ayer y Níger hoy, Francia está siendo expulsada de sus antiguas colonias como si fuera un apestado. Y eso que pudo haber imitado el ejemplo de su vecina Alemania, que, tras perder sus colonias después de la Primera Guerra Mundial, encajó el golpe, se replegó sobre sí misma para reestructurar su economía y ahora, sin colonias, se sienta en un trono desde el tejado de Europa.

    ¿Por qué Francia insiste en permanecer en África a pesar del rechazo de las masas populares? Porque su modelo económico se basa en el saqueo de los recursos africanos. Mediante acuerdos de cooperación monetaria (el franco CFA), acuerdos fiscales (elusión de la doble imposición), acuerdos económicos y comerciales desleales (monopolios de exportación e importación de productos y servicios muy rentables) y acuerdos político-diplomáticos (la voz de África en la ONU), los dirigentes franceses saben que, en caso de perder África, Francia perderá los importantes recursos materiales y simbólicos que le confieren su rango de potencia mundial.

    Por desgracia para ellos, lo que es apropiado llamar la Nueva Conciencia Africana está en marcha y nada debe detenerla. Porque en la historia de la humanidad, ningún poder, ningún ejército, ha sido capaz de detener a un pueblo decidido a tomar su destino en sus propias manos. Y Emmanuel Macron lo ha aprendido por las malas.  Durante una visita a Semur-en-Auxois el 15 de septiembre de 2023, el presidente francés se vio obligado a admitir, avergonzado, que: “En Níger, el embajador de Francia es rehén de los militares en el poder y sólo puede comer raciones militares”. ¡Qué impotencia! El 27 de septiembre, el embajador Sylvain Itee abandonó Niamey por la noche para evitar ser abucheado por el pueblo nigerino. Para cualquiera que conozca la historia de las relaciones entre Francia y África, es justo decir que aquí la realidad supera a la ficción. Y con razón: desde la noche de los tiempos, los occidentales siempre se han comportado en África como quien se sirve en la cocina de su propia casa. Para comprender este cambio de tono, hay que tener en cuenta la evolución de las mentalidades africanas a lo largo de las generaciones.

    Las tres generaciones de la juventud africana y sus misiones

    “Cada generación, en una relativa oscuridad, debe descubrir su misión: cumplirla o traicionarla”, como decía Frantz Fanon en Les damnés de la terre. La primera generación de jóvenes africanos luchó por la independencia en los años cincuenta y setenta. Imbuidos de marxismo revolucionario, estos jóvenes acariciaban el sueño legítimo de la soberanía para sus respectivos países. Al mismo tiempo, alimentaban el sueño de un África unida, fuerte y próspera. Panafricanistas, en definitiva. Fueron asesinados precisamente por haber pensado en sacar a sus países de la pobreza. Entre ellos están Ruben Um Nyobe, Barthélémy Boganda, Patrice Lumumba, Ben Barka y Sylvanus Olympio. A ellos hay que añadir la oleada de golpes de Estado orquestados desde París, Bruselas o Washington. Esta purga dio lugar a la segunda generación de jóvenes africanos conocidos como los “Colabós” (colaboradores del nazismo, NdT). Para ser elegidos a la cabeza de su país o permanecer en él, los “colabós” o sus emisarios tenían que pasar por las capitales occidentales para garantizar que no pondrían en tela de juicio los contratos leoninos de las multinacionales. Los revolucionarios que se negaron a traicionar a su pueblo se vieron obligados a exiliarse. En la misma perspectiva, la crisis económica y los programas de ajuste estructural decididos por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial han reducido a esta segunda generación a esclavos de las “ayudas públicas” al desarrollo. Atados por el tubo digestivo a las potencias extranjeras y a los donantes multilaterales, los jóvenes africanos de los años 80 y 2000 vieron en el cuestionamiento de las relaciones Norte-Sur un intento de suicidio. ¿Cómo atreverse a oponerse a Occidente, que nos permite comer gracias a su “ayuda”? Por eso, quienes criticaban a las antiguas potencias coloniales eran asesinados por sus propios compatriotas (Thomas Sankara, Laurent Désiré Kabila…). En consecuencia, el panafricanismo permaneció hibernado durante todo este periodo, a pesar de las publicaciones sobre el tema.

                   Desde el año 2000, está surgiendo una nueva generación de africanos. Tienen la ventaja de haber estudiado adecuadamente, lo que les da la oportunidad de leer y comprender a los ilustres predecesores de la lucha panafricanista, como Aimé Césaire, Kwamé Nkrumah, Frantz Fanon, Jean Ziegler, Cheikh Anta Diop y Théophile Obenga.  Esta tercera generación de africanos tiene acceso a la avalancha de información disponible en Internet. Gracias a las redes sociales, ha surgido un nuevo internacionalismo. Panafricanistas de todo el mundo intercambian ideas intensamente a través de grupos de WHATSAPP y Telegram. Pasan por alto el sistema educativo oficial y sus cursos asépticos para aprender la verdadera historia de África a través de Internet. La disponibilidad de libros alternativos en formato PDF les permite tomar conciencia de los problemas de hoy y de mañana.  A esto hay que añadir una coyuntura internacional favorable. La irrupción de los países emergentes (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en la escena internacional y su voluntad declarada de instaurar un mundo multilateral ha forjado considerablemente una conciencia estratégica en los africanos, que no pretenden ser testigos sufrientes de la Historia, sino que están decididos a ser sus actores conscientes y consecuentes.

    La AES como escudo

    Es demasiado pronto para concluir que Francia y sus aliados imperialistas hayan digerido la afrenta que sufrieron en el Sahel. La historia nos enseña que el imperialismo tiene muchos ases bajo la manga. Mientras tanto, cabe señalar que Francia ya no envía sistemáticamente a sus paracaidistas y otras fuerzas de élite para desalojar a los presidentes africanos que se oponen a sus intereses, como hizo contra Laurent Gbagbo en Costa de Marfil en abril de 2011 o Muamar Gadafi unos meses después. Thomas Sankara y Sylvanus Olympio ni siquiera se enfrentaron tan frontalmente a los imperialistas, sino que fueron asesinados. ¿Cómo entender que Francia y sus aliados, antaño tan agresivos en África, sufran ahora derrota tras derrota sin reaccionar en el Sahel, cuando las nuevas autoridades muestran mayor firmeza de palabra y obra?

    Los presidentes Assimi Goita, Ibrahim Traoré y Abdourahamane Tiani aprendieron de los errores de sus ilustres predecesores. Con los golpes de Estado sufridos por Kwame Nkrumah y Thomas Sankara, por ejemplo, se dieron cuenta de que el panafricanismo debe ser algo más que una teoría contenida en libros superventas o escondida en discursos para agradar a las multitudes. Los panafricanistas del siglo XXI saben que deben demostrar una gran inteligencia estratégica e implicar profundamente a las masas populares en la lucha para convertirlas en un escudo invencible. Necesitan, sobre todo, “una arquitectura de defensa común”, como estipula la Carta constitutiva de la Alianza de Estados del Sahel. Las diversas manifestaciones populares de apoyo a las nuevas autoridades en Malí, Burkina Faso y Níger contribuyen a legitimar su poder. Las referencias al “pueblo valiente”, “nuestro pueblo que lucha” y “gloria a nosotros, el pueblo” que puntúan los discursos de los presidentes Tiani, Goïta y Traoré pretenden acercar a gobernantes y gobernados.

    La inteligencia estratégica del trío revolucionario del Sahel se manifiesta en su capacidad para elegir a sus socios. Tras expulsar a los franceses y sus tropas, forjó sólidas relaciones con Rusia, la única potencia capaz de darle sudores fríos a una coalición de ejércitos occidentales. Como oficiales, han apostado por el caballo adecuado del momento eligiendo a Rusia, que también quiere zanjar su disputa con Occidente siempre que se presente la oportunidad. A través de los revolucionarios del Sahel, Rusia refuerza su presencia en África y, a cambio, África se equipa militarmente. La feliz consecuencia es que las potencias imperialistas occidentales o sus relevos locales ya no pueden atreverse a enviar impunemente sus tropas para vigilar o castigar a un presidente que no obedezca las órdenes de París o Washington.

    El fin progresivo de los contratos basura

    Menos de seis meses después de su creación, la Alianza de Estados del Sahel establecida por la Carta de Liptako Gouma el 16 de septiembre de 2023 ya ha obtenido varias victorias políticas y diplomáticas. Esta arquitectura de defensa común ha obligado a los partidarios incondicionales de Bazoum, como París y Washington, a actuar ante su retirada. Por su parte, la CEDEAO se tragó con patatas su cínico plan de intervención militar en Níger. No podía ser de otro modo, ya que el presidente Tiani, tras haber recibido garantías de sus homólogos de Burkina Faso y Mali, había advertido a la CEDEAO de que “un ataque a nuestro país [Níger] no sería pan comido”. Además de disuadir la intervención de la CEDEAO, la AES ha logrado otras victorias.

    Por ejemplo, ultimó al G5 Sahel sin disparar ni un solo tiro. Tras la retirada de Malí, luego de Burkina Faso y finalmente de Níger, el G5 Sahel murió de asfixia. Porque Chad y Mauritania no pudieron hacer funcionar el G5 Sahel, que ya había tenido un comienzo lento. Creado en 2014, el G5 Sahel no contó con una fuerza conjunta hasta 2017. Otras victorias pueden atribuirse a la Alianza de Estados del Sahel. Un ejemplo es la resiliación del tratado de doble imposición entre Francia y dos de los tres países de la AES. Este tratado estipulaba que una empresa francesa con sede en Malí o Níger debía pagar su impuesto de sociedades (IS) en Francia y viceversa. En teoría, todo parece correcto. Pero en realidad es un timo, porque hay más empresas francesas en África que empresas africanas en Francia. En otras palabras, desde 1972, Francia no paga ningún impuesto de sociedades a Níger por el uranio extraído allí.

    El 13 de octubre de 2023, Rusia y Burkina Faso firmaron un acuerdo para la construcción de una central nuclear en Burkina Faso. En la cumbre Rusia-África de los días 27 y 28 de julio de 2023, Ibrahim Traoré, de Burkina Faso, fue recibido a bombo y platillo en San Petersburgo, donde no dejó de llamar al amo del Kremlin: “Camarada Vladimir Putin”. “Corresponde a mi generación continuar esta lucha por la liberación del continente”, admitió Ibrahim Traoré en el foro Rusia-África de Petersburgo. Es consciente de su misión y ha optado por llevarla a cabo en lugar de traicionarla. Concluyó diciendo: “Patria o muerte [venceremos], gracias camarada”, para demostrar que está dispuesto a morir por esta noble lucha para devolver la dignidad al pueblo africano.

    La Alianza de Estados del Sahel (AES) acaba de salvar al Sahel de un asalto imperialista. Al hacerlo, ha actuado como escudo protector de lo que llamo la Nueva Conciencia Africana (NCA). En las relaciones internacionales, el equilibrio de poder prevalece sobre las buenas intenciones. Los nuevos dirigentes africanos, todos ellos miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), deben comprenderlo de una vez por todas. Los iniciadores de la Alianza de Estados del Sahel, que son muy conscientes de ello, no deberían detenerse ahí. La asociación con Rusia para construir una central nuclear en Burkina Faso debe ampliarse. Níger, por ejemplo, que es un gran productor de uranio, debe llegar a acuerdos con Rusia o cualquier otra potencia interesada para desarrollar la energía nuclear civil con el fin de llevar la luz a los millones de familias que no tienen acceso a la electricidad, y sobre todo para enriquecer el uranio con el fin de dotarse del arma atómica.

    La historia nos enseña que, a pesar de su celo desmesurado, el imperialismo nunca ataca de frente a un país que dispone de armas nucleares. También África debe ganarse el respeto. Una Alianza de Estados del Sahel dotada de cabezas nucleares será un escudo inexpugnable que protegerá a los países miembros y les dará la tranquilidad necesaria para lanzar grandes proyectos de desarrollo. Los ojos y los oídos de toda África están puestos en el Sahel. Basta con seguir las radios y televisiones del continente para comprobarlo. En las redes sociales se multiplican grupos como “Je suis Mali”, “je suis Niger” o “La patrie ou la mort, nous vaincrons”. Cada decisión tomada por el trío Tiani-Traoré-Goïta se retransmite en bucle y se comenta largo y tendido. Gracias a ellos, el panafricanismo vuelve a la vida. Pero, sabiendo que el imperialismo nunca duerme, debemos permanecer vigilantes.

     

    Para la Mesa completa pinche AQUÍ. 

    Traducción del texto original en francés: Alex Anfruns

    Traducción durante la ponencia: Baila Traoré

    Autor

    Olivier Atemsing Ndenkop
    + artículos

    Licenciado en Filosofía y Comunicación. Máster en Filosofía. Tesis doctoral: Globalización-Altermundialismo. De la dialéctica centro-periferia a la afrocentricidad. Director en varios periódicos con distintas publicaciones de libros y artículos científicos.