“Junto a la resistencia en el Sahel, el eje de la resistencia plantea más cuestionamientos a las formas neocoloniales de las potencias euro-estadounidenses”

    “La escalada actual demuestra cómo cambió el mundo, sobre todo desde 2013/14, y se aceleró en febrero de 2022, un declive relativo de Estados Unidos en varios aspectos, que retrocede en algunos lugares como Medio Oriente”

    Las raíces de Hamás se remontan casi medio siglo atrás y no se refieren a ningún tipo de “terrorismo islámico”. Esta es una figura promovida e inventada por las potencias anglosajonas para invadir diferentes países de la región de Asia occidental. En los años 1970, el jeque palestino Ahmed Yassin fundó una organización basada en el islam, aceptada por Israel, porque consideraba podría debilitar a Fatah, la principal organización de la Organización de Liberación de Palestina (OLP). Sus mayores derivaciones actuales son políticas y geopolíticas.

    El movimiento suní Hamás emergió en un contexto de desilusión respecto de los movimientos políticos palestinos seculares, a los que perciben incapaces de finalizar con la ocupación militar israelí y la colonización de asentamientos. Luchó contra la ocupación israelí y marcó el resurgimiento de las fuerzas islámicas en Cisjordania y la Franja de Gaza. Convive con el nacionalismo laico de Fatah, y defiende el nacionalismo islámico como un proyecto político distinto. Es importante aclarar que la mayoría del pueblo palestino es musulmana, por ello los centros de acción o ayuda social nacieron en muchos casos como mezquitas.

    Desde 2001, Hamás debate con Fatah para alcanzar una posición “nacional” –en referencia a la inclusión representativa de todas las facciones– más que “nacionalista” en las conversaciones de paz con Israel. El movimiento de Resistencia Islámico, Hamás, fue creado por la Sociedad de los Hermanos Musulmanes en 1988. Dedicado a las actividades sociales, religiosas y políticas, es el ejemplo de islamismo nacionalista: es una agrupación palestina que logra armonizar ambos conceptos, al diferenciar objetivos de corto plazo (la nación) de los de largo plazo (la Umma).

    El islam político propone una teoría de la política y del Estado; representa una manifestación intelectual de la interacción entre religión y política, como la República Islámica de Irán, un caso posible. Algunos intelectuales musulmanes consideraban al nacionalismo como impuesto y un proyecto particularista, a diferencia del islamismo que buscaría establecer la Umma o comunidad islámica, sin distinción de orígenes étnicos, de lenguaje, geográficos, etc.

    La dicotomía entre nacionalismo e islamismo supranacional ha bajado su intensidad, dado el surgimiento de Estados islámicos y la concepción de Estado moderno, la adaptación islámica o nacionalización del islamismo. Como Hamás que busca primero concretar un Estado palestino, al participar y aceptar las estructuras políticas, para continuar con la búsqueda de un islam supranacional.

    La reconciliación del islamismo con el nacionalismo concibe una especie de jerarquía de círculos identitarios, donde el patriotismo y el nacionalismo árabe conducen a un círculo mayor y abarcador, supranacional, el de la Umma islámica. La cuestión de la liberación de Palestina, presente en el capítulo XIV de la Carta Fundacional de Hamás, está tratada desde tres esferas diferentes, pero interrelacionadas entre sí: la palestina, la árabe, y la islámica, cada una de las cuales tiene un papel preferencial en la lucha con Israel.

    En 2005, Abbas fue elegido presidente del Autoridad Nacional Palestina (ANP), comenzando a administrar en Cisjordania con poderes limitados. Ese año Israel también se retiró de la Franja de Gaza, territorio ocupado por sus tropas y colonos, poniendo fin a 38 años de ocupación. La retirada formaba parte de los acuerdos del “proceso de paz”: la ejecución del plan de retirada no transcurrió sin problemas.

    Hamás cuenta con una serie de organizaciones dependientes que desarrollan actividades en ámbitos desde la educación cultural y religiosa a los jóvenes a través de sus madrasas, la asistencia social a los palestinos más necesitados (y a las familias de sus propios miembros muertos o presos en cárceles israelíes) y la representación en las instituciones democráticas palestinas a través de la lista Cambio y Reforma.

    Se presentaron en las elecciones generales de 2006 y obtuvieron mayoría, lo que le otorgó la potestad de formar el gobierno que lidera Ismail Haniye. El brazo armado de la organización son las Brigadas de Izz ad-Din al-Qassam, que mantiene la lucha armada contra el Estado de Israel, al que considera ilegítimo. Tareq Baconi explica el sentido de Hamás en sus inicios:

    En 1988, la OLP sale con una declaración que recoge la independencia del Estado de Palestina, que esencialmente equivalía a una concesión histórica en nombre de los palestinos. Esencialmente, la OLP aceptó la pérdida del 78% de la patria histórica de los palestinos a manos de Israel y aceptó la formación de un Estado palestino en el 22% de la tierra. Esta concesión es una concesión que Hamás cuestiona a continuación.

    Hamás —mientras la OLP sale de este momento de fomento revolucionario y, en cierto modo, depone las armas y admite que ahora la diplomacia es un camino a seguir— aparece como un movimiento que desafía ese compromiso. En lugar de la diplomacia, argumentan, tenemos que seguir comprometidos con la resistencia armada para la liberación total, excepto que lo hacemos en una ideología que es islámica, no secular.[1]

    La “Hoja de Ruta” había sido rechazada por varias organizaciones palestinas, incluidas las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa, el Frente Popular para la Liberación de Palestina y las corrientes islámicas Hamás y Yijad.

    El eje de la resistencia

    El eje de la resistencia es una organización informal surgida como oposición a las consideraciones del “eje del mal” de 2002, y carece de una fecha de surgimiento específica. En la historia reciente, debemos ponderar los fracasos de Estados Unidos en sus objetivos tanto en Iraq como en Afganistán. Hasta 2020, Qassem Soleimani fue el gran arquitecto de este movimiento, incluso muchos lo consideran el “Che” Guevara de Medio Oriente, que tenía como objetivo general, el retroceso de la avanzada estadounidense en la región.

    Este eje intenta contrarrestar las incursiones del imperialismo estadounidense con su brazo israelí en la región. Se trata de guerrillas o formaciones no estatales, diferentes de los ejércitos regulares que los componen. Países que han estado asediados y por ende debilitados en sus estructuras estatales y sociales. Ello permitió un acercamiento en la normalización que buscó Israel con varios de ellos.

    Los hutíes, como se suele denominar a los integrantes de Ansarallá, son un grupo surgido en Yemén, desde la resistencia de un país bombardeado desde 2015 por Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Actúan en uno de los puntos geoestratégicos más densos, el Estrecho de Bab al-Mandab. Lo denota el tráfico comercial y de hidrocarburos, así como la cantidad de bases de las potencias (Francia, Estados Unidos, la única de China), alojadas en la costa de enfrente, en Yibuti. En conjunto con el Estrecho de Ormuz, se erige parte del eje de la resistencia desde Irán hasta Yemen. Las agrupaciones que lo integran son junto con los hutíes de Yemen; Siria; Hezbolla en Líbano, Hamás y la Yijad islámica en Palestina; Badr, Kataeb Hezbolá y Asaib Ahl al Haq en Iraq y la Guardia Revolucionaria en Irán.

    Los hutíes atacaron buques mercantes relacionados con Israel como estrategia para exigir el cese al fuego contra los palestinos gazatíes. Eso genera sorpresa mundial por provenir de un país en sus condiciones, mientras la coalición Estados Unidos-Reino Unido atacó el puerto yemení de Hodeida. Además de observar la disparidad de potencia militar entre unos y otros, eso corrobora quienes están más interesados en los movimientos israelíes en la región. Es decir, las potencias militares anglosajonas tratando de detener por ese medio su pérdida de potencial económico y financiero.

    Los movimientos más recientes en las placas tectónicas de la región generaron que países enfrentados o en un nivel de tensión y rivalidad, ahora se hayan ido acercando como Irán y Arabia Saudita. Por ejemplo, en lo estructural, en dos grandes organizaciones y sobre todo en el realineamiento del tablero mundial que es el BRICS+. Esa ampliación muestra varios desarrollos.

    El eje de la resistencia es parte del acercamiento de Irán a Rusia y China, por los cambios de la última década de una recomposición del poder de varios actores de la región materializado en los ingresos de Egipto, Etiopía, Emiratos Árabes Unidos, Irán y Arabia Saudita. La magnitud de este cambio es algo que podría ser impensable una o dos décadas atrás, en pleno apogeo de la unipolaridad estadounidense.

    Esos son algunos de los intereses geopolíticos detrás de estos meses de bombardeos israelíes sobre los palestinos. Las cifras de muertos, heridos y desplazados resultan estrepitosas. Superan la expulsión de palestinos de 1948 y más que duplican el poder de fuego del mayor atentado terrorista de la historia, las bombas nucleares que el ejército estadounidense arrojó sobre Hiroshima y Nagasaki, que inauguraron la era contemporánea, ahora en cuestionamiento.

    En el caso de Hamás, esta organización política, social y también con un brazo de guerrilla, plantea tres objetivos principales: “la creación de un Estado palestino independiente, la liberación de los prisioneros palestinos encerrados en las cárceles israelíes y el fin de las incursiones de colonos y policías israelíes en la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén”. Actualmente, se acerca a Fatah para buscar una coalición de gobierno unitario, también con la mediación de la cada vez más influyente diplomacia china, y forma parte de los pedidos de aceptar a Palestina en la ONU como miembro pleno. Esto último le daría reconocimiento y protección internacional, en caso de que se pudiese frenar la ayuda ingente de Estados Unidos, sostén irremplazable del comportamiento belicista de Israel.

    Estas organizaciones de variada orientación, poseen un accionar con independencia, pero con un objetivo común: erosionar el poder militar estadounidense en sus países como paso previo a la liberación de Palestina. Mientras tanto, Estados Unidos con su apoyo en la zona, tratan de aislar a estas organizaciones y colocarles el mote de terroristas.

    Irán impulsó un giro hacia el este. Mantiene un tratado de 25 años con el gigante asiático de petróleo y gas a cambio de inversiones en infraestructura. Por eso Irán, uno de los países más sancionados económicamente por Estados Unidos, segundo detrás de Rusia, está cada vez más relacionado con los países de su región además de China y Rusia. Luego de sufrir ciberataques y asesinatos selectivos desde Israel y de Estados Unidos incluyendo a Qassem Soleimani.

    Otro de los objetivos del eje de la resistencia es la liberación de Palestina. Esto se contrasta con los intentos de Israel de normalizar las relaciones de los países árabes en años recientes. Y, además, demuestra que más allá de los posicionamientos oficiales de los países, en las poblaciones de la región, continúa el rechazo al plan de balcanización en “Medio Oriente”, promovido a través de ese aliado casi incondicional de Estados Unidos.

    Este eje genera un cambio en las relaciones de poder, más allá de lo que hagan los ejércitos regulares de sus países a los que se intentó desmantelar o deteriorar su poderío. Por eso, se trata de una reconstitución bajo otras formas que intenta mostrar su desacuerdo con las bases estadounidenses en Iraq, o con la prepotencia del ejército israelí hacia Siria, Líbano y Palestina.

    Estos grupos se consolidan como un frente común a la inusitada violencia desenvuelta por Estados Unidos que dejó países destrozados, millones de refugiados y cientos de miles de muertos con un gasto militar creciente. Es una forma de alineamiento regional, contracara de los intentos de fragmentación personificados en Israel y el creciente apoyo militar y logístico que recibe. Irán también avisó a Israel, con su ataque medido, de que se inicia un nuevo periodo. Y junto a la resistencia en el Sahel, plantean más cuestionamientos a las formas neocoloniales de las potencias euro-estadounidenses.

    Es factible que pueda incidir en lo que sucede en Palestina, por generar un entretejido de agrupaciones, con diferente tecnología y fuerza militar. Su finalidad detenta una carga histórica y relevante para sus sociedades en general, el de menoscabar los procesos encabezados por Israel y Estados Unidos, para establecer un “caos controlado” de desunión y de recalentamiento militar en la región. Para ese propósito, ellos entienden a Palestina como una cuestión clave.

    Luchar por la autodeterminación

    La realidad social y política palestina se fracturó en tres planos (algunos consideran cuatro, con Jerusalén Este): en Cisjordania y Gaza, en el interior de Israel y en el exterior de la Palestina histórica (refugio y emigración). Estas tres dimensiones, si bien poseen particularidades, no han estado aisladas unas de otras y se han influido. Para los palestinos conforman una misma realidad y cualquier palestino tiene a sus familiares dispersos en estos tres mundos. En otras palabras, las tres esferas de la ocupación israelí sobre Palestina son indisociables. El enfrentamiento con Israel aglutina a casi todas las facciones palestinas e incluso cohesiona al mundo musulmán y a la causa árabe.

    El pueblo palestino continúa en la lucha por su autodeterminación, más allá de si es posible la aplicación de una solución de un Estado binacional o de dos Estados. Sin dejar de ver la situación de ocupación que lleva décadas y se incrementa de manera sostenida. Al mismo tiempo, se reconoce internacionalmente la aplicación de un apartheid sobre su población, pero eso aún no ha modificado sustancialmente su realidad.

    Entre las formas de resistencia palestina y de solidaridad internacional hacia su causa, encontramos la campaña BDS, Boicot Desinversión y Sanciones (emparentado con el sudafricano), que se opuso a las declaraciones de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (AIRH), para rechazar la asimilación entre la judeofobia (antisemitismo) como forma de racismo y el antisionismo, como rechazo a las políticas israelíes hacia los palestinos.

    La escalada actual demuestra cómo cambió el mundo, sobre todo desde 2013/14, y se aceleró en febrero de 2022, un declive relativo de Estados Unidos en varios aspectos, que retrocede en algunos lugares como Medio Oriente. En este nuevo existe un renovado poder de China en su alianza estratégica con Rusia. La Franja de Gaza está controladas desde 2007 por tierra, mar y aire, este es el caldo de cultivo junto con la opresión y los bombardeos cíclicos, donde emerge este círculo de violencia.

    Exigimos el cese inmediato de los bombardeos y la guerra de exterminio, una probable limpieza étnica del ejército israelí sino frena sus objetivos. Al mismo tiempo lamentamos las pérdidas humanas y sus secuelas para los involucrados. Las y los palestinos llevan resistiendo los intentos de expulsión desde la Nakba de hace 76 años. Pedimos que se ponga fin a todas las formas por las que el ejército israelí intenta cercar y bombardear a los palestinos quienes viven en la mayor cárcel a cielo abierto del mundo. Frente a esta maquinaria de muerte y desinformación, la posición a adoptar es denunciar el uso político y geopolítico de estas matanzas.

     

    Autor

    Martin Martinelli

    Argentina, 1982. Historiador y Doctor en Ciencias Sociales (UNLu). Coordinador del Grupo Especial Revista Al-Zeytun/CLACSO “Palestina y América Latina” (2019-2022), Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (UBA). Miembro de la Comisión Directiva del OGH (UNLu). Autor del libro Palestina (e Israel). Entre intifadas, revoluciones y resistencias (EDUNLu, 2022). Compilador de: “Medio Oriente y la cuestión palestina”, “Palestina, Medio Oriente y Nuestra América”, “Irak, Medio Oriente y el mundo árabe a 20 años de la invasión liderada por los EEUU”, “Revoluciones, movimientos sociales y conflictividad política (siglos XX y XXI)”, “Un mundo bajo nuevas coordenadas”. Dirige el PICT “La geopolítica euroasiática frente al imperialismo”.